Eres el mejor (I)

Como de vez en cuando hacemos alguna que otra entrada excéntrica, sobre todo relacionada con los videojuegos o con lo que estamos jugando, y como hemos estado jugando recientemente a The Legend of Zelda: Breath of the Wild, vamos de nuevo a presentar otra en el blog que hemos titulado Eres el mejor, inspirado por este juego. ¿Y qué diantres quiere decir esto? Pues eso mismo, vamos a hablaros de aquellos juegos, tanto del pasado como del presente, que consideramos, en nuestra modestísima opinión, son los mejores de todos los tiempos.

Pero antes, es evidente, un tema tan polémico como este, lo mismo da el campo del que se trate (que si los mejores pintores, que si las mejores películas, que si los mejores libros…), merece una explicación previa para aclarar algunos puntos, pues siempre acarreará polémica:

—Es nuestra opinión. Sí, suena tonto, pero queremos decir que es en nuestra opinión y no la de otros. Es decir, que si todo el mundo considera que tal juego es el mejor de la historia pero nosotros, o no estamos de acuerdo o no lo hemos jugado, no lo pondremos. No es una lista porque sí, sino honrada.

—Cualquiera de esta lista debe ser poder catalogado como el Mejor de la historia por sí solo o, en su defecto, de su género. Ese es el criterio. Por tanto, cuando decimos en el título del post “eres el mejor” en realidad queremos decir “sois los mejores”, pero de manera individual pueden ser catalogados como “eres el mejor”. No sé si ha quedado claro este trabalenguas.

—No están escritos ni por orden alfabético ni por orden de preferencia. Aunque algún seguidor de Freud del blog puede decir que el recordar antes o después algo puede mostrar preferencias ocultas, creednos, no es así necesariamente.

—Aunque el juego haya podido ser lanzado para varias plataformas, nosotros pondremos entre paréntesis el año del lanzamiento del juego y la plataforma en la que lo disfrutamos.

—Las entradas las haremos según las ganas que tengamos o que juguemos alguno nuevo que pueda ser metido aquí. No hay un número mínimo ni máximo, ni fecha a corto o largo plazo para esta serie de entradas. Lo mismo la hacemos en semanas, que en años que, lo más seguro, queda abierta y se va completando.

Ahora sí, sin más preámbulos y sin más rollos, os ponemos la lista (algunos ya os hemos hablado de ellos y otros no).

The Legend of Zelda: Ocarina of Time (Nintendo, 1997) (N64)

Este juego no solamente puede ser catalogado como uno de los mejores juegos de todos los tiempos sino que, quizá, pueda ser el mejor juego de todos los tiempos. Tamaña osadía solo es posible pensarlo para el que jugó este juego en su momento. La Nintendo 64 es una de las consolas más entrañables de la historia, una consola que mereció mejor destino, un verdadero juguete tecnológico que, no obstante, no pudo arrancar a esos segueros que se pasaron a Psx o a todos esos jóvenes que crecieron en las 16 bits y esperaban otras cosas (así como errores propios cometidos por la gran N). El principal problema de este juego, empero, fue que salió a la vez que el esperado Final Fantasy VII, lleno de CD-Rom, videos renderizados, precio ajustado y estética, digamos, molona. Y, sobre todo, en español. Y este The Legend of Zelda: Ocarina of Time salió a precio de oro, en inglés (con un libro con traducción al español, eso sí, un poco engorroso), cartucho y estética que, asociada a Nintendo, lo relacionó, engañosamente, con un juego para otro tipo de público más infantil. Uno fue un vende consolas y este, que estaba pensado para lo mismo, no pudo ser, aunque vendió mucho y muy bien.

Nosotros lo jugamos con cierto retraso, en verano, pero no os creáis que mucho más con respecto a su lanzamiento. Sus gráficos, música, ambientación, mundo abierto o casi abierto, su traslado excepcional del mundo Zelda al 3D, sus mazmorras, su colorido… Cualquier valoración es quedarse corto. Los de después (The Legend of Zelda: Majora´s Mask, The Legend of Zelda: Wind Waker, The Legend of Zelda: Twilight Princess o The Legend of Zelda: Breath of the Wild) son buenos, buenísimos, pero no son nada sin este juego. El impacto de ver esos puzles, los templos, los viajes en el tiempo, escuchar la ocarina o sobre todo las melodías (que sonaban como nunca y que desde entonces suenan en todos los juegos de la saga), son un recuerdo imprescindible para nosotros.

Halo 2 (Bungie Studios, Microsoft, 2004) (Xbox 360)

Acabábamos de comprar la Xbox 360, la consola más entrañable que recordamos desde los tiempos de la SEGA Master System II, y creíamos que teníamos que jugar a un juego que era referencia: Halo. Como la primera entrega nunca la jugamos más allá de unos retazos en una demo de PC (luego jugaríamos a su edición remasterizada y saborearíamos sus virtudes), decidimos jugar directamente, con un par, a su segunda entrega.

Y, cómo no, fue un juegazo, una obra maestra, así sin más. Lo jugamos tres años después de su lanzamiento oficial, en 2007, gracias a la retrocompatibilidad de la 360 y, aunque ya habíamos jugado a Half-Life 2 en PC, que es del mismo año (qué año para recordar en los shooter), nos sorprendió gratamente y nos hizo fan de la saga. Sus gráficos, personajes carismáticos, gráficos, localizaciones y situaciones de acción cinematográfica, su música y tema principal… Pero ante todo lo que siempre ha hecho grande a Bungie, su control suave, coherente, que funciona y, gracias al mando de Microsoft, totalmente preparado para el online y lo frenético.

Mención aparte merece su doblaje, que a nosotros nos gustó, no nos sacó de la inmersión, qué queréis que os digamos. Aunque en español latino (más bien mejicano), el hecho de “ándale”, “el ícono sagrado”, “cúbranse”, etc., ya decimos, no nos pareció mal. De hecho contribuyó a que el juego sea recordado por nosotros como un “mundo raro” (podéis consultar nuestros post sobre qué es para nosotros eso de “mundo raro”). A otros nos les gustó que no estuviera específicamente centrado en español de España, aunque supongo que en otros países de Hispanoamérica suele ocurrir al contrario cuando el juego llega de aquí a allí. La cuestión es que Microsoft y este personaje tan importante, tienen la suficiente entidad (y en el caso del de Redmond, dinero) para haber hecho otra cosa en cada país de lanzamiento.

Obra maestra imprescindible vende consolas. O “must have” como dicen ahora los modernos. Poco más que decir. Hay que probarlo.

Sonic, the Hedgeogh (SEGA, 1991) (Master System II)

La historia es bien conocida: SEGA y su Master System II eran muy bien aceptadas (y lo seguirían siendo) en Europa y Estados Unidos, así como el lanzamiento de la nueva consola Mega Drive, que convivía con ella, también lo era. ¿Y en Japón? En Japón SEGA no se comía un colín, esa era la realidad. Y he aquí que, un año después del lanzamiento de la Mega Drive, Nintendo lanza la continuación de una consola que había arrasado pero que ya había perdido fuelle. Así, de la NES pasamos a la SNES, Superfamicon, Super NES, o, más conocida, Super Nintendo. Y con ella el renacer de ventas y… Super Mario World. ¿Qué debería hacer SEGA? Pues contraatacar.

Se decía que SNES tenía mejor chip gráfico, pero a cambio Mega Drive podía sacar mejor partido por su velocidad de procesador superior. Necesitaba una nueva imagen y un juego que demostrara su velocidad de reloj. Y para eso precisaba de una mascota que representara a los nuevos adolescentes/videojugadores de la década de los 90 y que Bart Simpson, en los geniales capítulos antiguos de la serie de animación Los Simpsons (The Simpsons, Fox, 1987), representó tan bien. En pocas palabras, en vocabulario de la época: un héroe molón, guay, “guapo”, que “partiera”.

El legendario presidente de SEGA, Hayao Nakayama, busca entonces a un joven talento para que cree un anti Mario. La palabra clave no es que tenga grandes gráficos (que los tendría), ni revolucionar las plataformas (que lo haría), sino demostrar el poderío del procesador de Mega Drive y que el diseño sea atrayente. El diseñador escogido fue Naoto Ohshima. Cuando le presentaron a los altos cargos a un erizo de genial diseño, diseño que además se trasladaba a la pantalla con pasmosa y exacta pulcritud, en zapatillas de carreras, con ese poderoso color azul, que tan bien daba en pantalla y que se asociaba rápidamente al logotipo de marca de SEGA, todos supieron que había nacido una estrella.

Los niveles salidos de la mente del no menos legendario Yuji Naka, novato en esto de los videojuegos, y que le convertirían en un mito del sector, o la música de Masato Nakamura y un largo etcétera de aciertos, demostraban, una vez más, que SEGA era la compañía de la innovación, del talento, de la diversión, ya fuera en casa o en el arcade. Había nacido Sonic, The Hedgehog para Mega Drive, pero también para Master System II y Game Gear. Sorprendentemente, la versión 8 bits cumplió de sobras: era veloz, tenía gráficos coloristas, fases exclusivas (Jungle), una carátula superior a la de Mega Drive y encantó a todo una generación de jugadores europeos que, hay que repetirlo, pensaban que SEGA tenía versiones según pudieras o no permitirte comprar una consola u otra.

Los packs con la consola, la serie animada, los millones vendidos (se habla de más de 15), las altísimas calificaciones en las revistas especializadas, demuestran su éxito. Era el inicio, o la confirmación, de la Edad Dorada de SEGA y los videojuegos, y de los tiempos de vino y rosas entre SEGA Japón y SEGA América, así como el idilio de un nuevo espécimen con su marca: el seguero.

En nuestro caso conocimos el juego cuando en el verano de 1992, en nuestra comunión, nuestros tíos por vía materna nos regalaron la Master System II que venía con Alex Kidd in Miracle World (SEGA, 1986), preinstalado en la memoria y en pack con… Sonic, The Hedgehog. Recordar la mítica Green Hill Zone, la fase la jungla y el final, volando para enfrentarnos al Dr. Robotnik en su zepelín nos pone los pelos como escarpias. Puro SEGA, pura Master System II y pura infancia.

Final Fantasy VIII (Square-Enix, 1999) (PC)

Recordamos con envidia las Navidades de 1999. Estábamos en el instituto y un compañero de clase, antes de las vacaciones, estaba dibujando las ilustraciones de este juego porque, cuando empezaran las vacaciones, se lo iba a comprar y a enviciar (el juego llegó a España entre dimes y diretes más o menos en noviembre y entonces los jóvenes no conseguíamos los juegos en su lanzamiento ni en broma). Pues bien, pocos meses después, en febrero del 2000, salía en PC y pudimos jugarlo (no teníamos la Playstation). Salió con ciertos arreglos, caja gorda típica del PC de aquella época y a precio reducido. Y aunque la versión tenía ciertos problemas técnicos (absurdas mini paradas cuando había escenas en tiempo real mezcladas con los videos), problemas técnicos que ya tuvo el FFVII para PC, el juego nos enganchó de mala manera. Recuerdo dejar a mi hermano en casa y yo lanzarme como un loco a conseguir el juego el día de lanzamiento en la tienda Centro Mail de nuestra ciudad. Esa música, esos videos, esa duración, ese pequeño puerto pesquero, el baile en el salón, la larga batalla final, los secretos y las invocaciones… Absolutamente mágico. Los Final Fantasy deben ser por turnos, con videos y música de Uematsu. Y punto.

Fallout 3 (Bethesda, 2008) (Xbox 360)

Con más de 900 puntos de logro (sobre 1000), pocos juegos hemos estrujado más que este. Pero cuando decimos estrujar, también queremos decir “vivir en el Yermo”. Sí, porque no parábamos de dar vueltas para arriba y para abajo, buscando los cabezones, las Nuka Cola, una localización secreta por aquí, otra por allá…Y daba igual haberse pasado ya el juego, continuábamos, como está mandado en todo juego de rol que se precie. Pocos juegos tan inmersivos, tan apasionantes y geniales. Esta obra maestra era la tercera entrega de una saga con solera y si, con todo merecimiento, se dijo que Super Mario 64 o The Legend of Zelda: Ocarina of Time (o, por qué no, Sonic Adventure), habían sabido llevar al 3D el espíritu y la experiencia 16 bits, ¿qué decir de esta tercera entrega de la saga? Partiendo de los principios de la saga The Elder Scroll, supieron darle ese toque macarra, steampunk (uso inteligente de la música, como aprendimos todos en otra genialidad, Bioshock), y con un control maravilloso, ora shooter, ora por turnos, que hizo las delicias de todos. Fallout 4, otro gran juego, ya no sorprendió igual, e incluso pecó de cierta reiteración, no así Fallout: Vegas, que añadía otros detalles para hacerlo original. Un imprescindible.

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