Películas basadas en cómics mejores que las de Marvel (III)

Tercera y, por ahora, última parte de esta serie de entradas que hemos titulado con un nombre un tanto provocador (Películas basadas en cómics mejores que las de Marvel), pero que queríamos hacer hincapié de que el fan del cómic no solo vive de Marvel. Como sea, hablaremos principalmente de pelis de cómics del siglo XXI, ya en pleno auge de las adaptaciones cinematográficas súper heroicas.

Como hemos dicho en la introducción vamos a hablar del cómic adaptado al cine más reciente. Así que, excepto un par de películas basadas en cómics alternativos o, al menos, no de tanto presupuesto, casi todo serán, por H o por B, adaptaciones de gran presupuesto y, siempre, de súper héroes. Nos dejaremos muchas, seguro, pero no se puede abarcar todo. Vamos allá.

Siglo XXI: cómic y superhéroes más melancólicos pero también divertidos

Pero las dos versiones de Superman y Batman, lo sentimos, ajo y agua, no han sido superadas en al aspecto artístico y soñador por ninguna (acaso, como decimos, se le une el Spider-man de Reimi). Sin embargo, el Batman de Nolan, no solo su primera parte sino ante todo su segunda entrega (otra vez), también son dignas de nombrar (pasaremos un tupido vela sobre su desastrosa y aburrida tercera entrega, aunque Nolan siempre nos reserva incluso en sus mejores films su buena media hora acumulativa de bostezos).

Batman Begins (Christopher Nolan, 2005) fue el intento de “resucitar” a Batman tras ser enterrado durante casi una década. No fue fácil, pero ya os adelantamos que, con sus polémicas, lo consigue. Y como su propio nombre indica es un reinicio de la saga, esto es, conoceremos cómo Batman se convirtió en Batman y cómo llega a convertirse en lo que es y conoce a sus colaboradores (principalmente el comisario Gordon), todo mientras se enfrenta a dos conocidos enemigos para los que leen/leemos los cómics de Batman: el Espantapájaros y, sobre todo, Ra´s al Ghul, personaje muy importante en el universo Batman.

El reparto, como siempre desde la primera película de Tim Burton, es de lujo. Así, tenemos a Christian Bale como Batman, que para esta película tuvo que hacer lo contrario que con El maquinista: engordar. Nolan tiró de él por conocerlo de Memento, aunque no olvidéis que Bale se dio a conocer en El Imperio del sol, de Spielberg, como el niño protagonista, y como el psicópata de, valga la redundancia, American Psycho; Michael Cane como Alfred, que por su porte es uno de los fallos de la película: más bien parece él Bruce Wayne y Christian Bale el mayordomo. Poner aquí la filmografía de este monstruo del cine sería tontería: vedlas todas; Katie Holmes como Rachel Dawes, ayudante del fiscal, actriz que tenía muy buena fama por la serie Dawson crece y que casi tira por la borda su carrera al semi retirarse al casarse con Tom Cruise; Gary Oldman como Gordon, actor de larga trayectoria pero para los frikis del lugar es Drácula (Drácula de Bram Stoker, de Francis Ford Coppola), Sirius Black en Harry Potter o Zorg de El quinto elemento, entre muchísimas y entretenidas películas; Liam Neeson como Ra´s al Ghul, el eterno profe sabiondo (La amenaza fantasma) o matón empedernido (Venganza, Gangs of New York) o dramático-romántico, su faceta menos conocida pero no menos interesante (La lista de Schindler, Michael Collins, Love Actually), entre otras muchas de gran calidad; Cillian Murphy como el Espantapájaros, con ese rostro estrambótico que Dios le ha dado, hombre Nolan, y que protagoniza pelis interesantes a la par que comerciales como 28 días después, Origen, Sunshine o la por nosotros hace poco comentada Desayuno en Plutón; Morgan Freeman como Lucius Fox, archiconocido que no merece la pena que os nombremos sus grandes películas, pues seguro las habéis visto, aquí muy secundario, las cosas como son, como para hacer bulto; Tom Wilkinson (Full Monty, Michael Clayton) como el mafioso Falcone; el gran Rutger Hauer (Blade Runner) como Earle; y Ken Watanabe (que luego también saldría en Origen) en un pequeño papel como falso Ra´s al Ghul.

Nathan Crowley es el encargado de diseñar Gotham, una Gotham a medio camino entre una ciudad real y una inventada. Este estilo de querer ser cómic y, a la vez, realista, va a darle a la trilogía de Nolan más de un problema. Por su parte, la fotografía también es destacable, de hecho fue nominada al Oscar por ella, de la mano de Wally Pfister, que siempre acompaña a Nolan en todas sus películas y cuyo resultado es apreciable y, lo más importante, reconocible, pero que después da problemas a la hora de editarlo en cuanto a la calidad de los DVD´s o Blu-Rays. Eso sí: las escenas nocturnas son magníficas.

Puntos negativos: el traje de Batman parece más bien careta y capa, pues no hay ni un plano medio o de tres cuartos siquiera para poder contemplar el traje que, a priori, parece muy bien diseñado, muy oscuro y negro; otro punto negativo es que sus dos enemigos están muy por debajo de otros malos, y eso se nota en la película, que arrastra esa sensación de “don nadies”; y tercero, el prólogo: demasiada extensa toda la larga introducción, unos 50 minutos que podían haberse solucionado en 20-25, pues Nolan puede ser también trágico si quiere como en Interestellar cuando recuerda a su familia sin necesidad de alargar todo al máximo. Es verdad que aquí era necesario por el guión (justicia/venganza) pero caer en el sopor o la redundancia no ayuda. Pero no os confundáis: muy buena película, con inesperados golpes de humor, mejorada con el revisitado y que es muy digna para resucitar al personaje.

Tres años después tuvimos la continuación, El caballero oscuro (Christopher Nolan, 2008), cuyas expectativas estaban muy altas. Hemos de decir que las cumplió, incidiendo mucho más en lo que a partir de aquí sería el “mundo Nolan”, muy particular, influyendo en esta estética rara que tiene ahora el universo DC.

Quitando una aparición testimonial del Espantapájaros, los enemigos en esta segunda parte van a ser el Joker y Dos caras, este último más bien para incidir en la idea del caos y el azar que sirve de leitmotiv de la historia que porque realmente sea un enemigo al uso. Como sea, lo único que hay que saber del argumento es que el Joker, un nuevo delincuente que ha aparecido en la ciudad aliado con la mafia local, está chantajeando la ciudad y cometiendo robos y asesinatos impunemente, mostrando a Batman sus debilidades y contradicciones.

En el reparto repiten Christian Bale como Batman, Michael Cane como Alfred, Gary Oldman como Gordon, Cillian Murphy como el Espantapájaros y Morgan Freeman como Lucius Fox. No repite papel Katie Holmes, que abandonó esta segunda parte para rodar Tres mujeres y un plan con Diane Keaton y Queen Latifah, lo que desde luego seguramente le llenaba más como actriz, pero que la volvía a un segundo plano. La sustituye en su papel de la ayudante del fiscal Rachel Dawes la actriz Maggie Gyllenhaal, hermana del también actor Jake Gyllenhaal, mujer mucho más dura, fuerte y fatal que la “tontita” de Holmes. Le acompañan como Harvey Dent/Dos caras Aaron Eckhart, rostro de esos que dices “me suena y no sé de qué”, también del cine menos “mainstream” con películas como Gracias por fumar o Nestor Carbonell como el alcalde Anthony Garcia, actor entonces a tope de fama por ser Richard en la mítica serie Perdidos. No obstante, sobre todos ellos destaca Heath Ledger como el Joker, muerto poco después por sobredosis de medicamentos con apenas 28 años, cuya magnífica interpretación de este personaje era un Oscar cantado, como así fue, y de los pocos póstumos dados por Hollywood. Tan metido estaba en el personaje que las cintas de tortura que envía en la película a la prensa durante la película estaban rodadas por él sin concurso de Nolan. Saltó a la fama con Destino de caballero, y luego interpretó papeles interesantes en Monster´s Ball, Las cuatro plumas, Candy o I´m Not There. Un actor con una década fantástica.

La película fue un éxito de crítica y público. De crítica, porque fue nominada a 8 Oscar de los que ganó 2 (Mejor Actor de Reparto y Edición de Sonido) y de público porque recaudó la friolera de más de mil millones de dólares.

Una vez más tenemos como diseñador a Nathan Crowley, quien aquí pierde ya el norte y nos hace Nueva York (policías con gaitas en los funerales incluidos, a la cual no ayuda tampoco la multitud de escenas diurnas, más que en la anterior parte), en vez de Gotham. Según él porque como iba a haber muchas explosiones, por lo que, aunque la ciudad estuviera, digamos, limpia, se ensuciaría. No cuela, Nathan: esta es la Gotham con menos chicha de la historia, que ya es decir. Volvemos a repetir lo mismo que dijimos en la anterior parte: la búsqueda del realismo lleva a estas malas pasadas, puesto que, por lo dicho de Gotham y su “realismo”, el Joker y Batman parecen dos gilipollas disfrazados y no dos personajes de cómic, así como Dos caras más bien un monstruo absurdo con quemaduras del primer grado, de las que se sale con vida a duras penas, menos se sale en un cuarto de hora como si nada hubiera pasado.

Una obra maestra de su género, para muchos la mejor de las 7 películas de esta veterana saga. Una película muy difícil de rodar, que empequeñece la anterior, que es de mucho mérito también. Una película fantástica, que bebe de Heat (¡ay, cuánto se le debe a Mann y a su director de fotografía!), del cine de acción en general y de un Nolan en forma que se empezaría a repetir y copiar a sí mismo a partir de aquí. Ah, y sí, aquí sí sale la armadura completa de Batman, no sólo la máscara y la capa (con un absurdo posterior cinturón amarillo).

Pero aparte de la ya mencionada saga X-Men, que también se ha desarrollado en el siglo XXI, hay mucho más y, de nuevo, se mezcla lo independiente con lo comercial. Interesantes son Kick-Ass: Listo para machacar (Matthew Vaughn, 2010) y Kingsman: Servicio secreto (Matthew Vaugn, 2014), ambos basados en cómics del guionista de cómics Mark Millar, cuyo reparto (las estrellas principales son un Colin Firth o Nicolas Cage) no quita que fueron películas nada baratas pero sí independientes, desde el punto de vista de que independiente significa que sus responsables hicieron lo que quisieron, dando como resultado películas de acción buenas, con sangre para aburrir (atención a Colin Firth dentro de la iglesia) y bastante libertad creativa. Sus continuaciones, en especial la de Kingsman, destrozan lo que fue una gran y original idea.

Este tono de película de gran presupuesto en la que, ante la falta de referentes de las masas, digámoslo así, se da gran libertad, también se ve en Deadpool (Tim Miller, 2016), otro producto que resume lo que hemos dicho para la anterior película: una estrella reconocible de capa caída (Ryan Reynolds, que sus anteriores entradas en el cómic, como Blade Trinity o Green Lantern, es para salir corriendo), rodeada de responsables que hacen lo que quieren: violencia, salidas de tono y nada de bienquedismo para una película de acción satisfactoria, fuera del tono Disney tan ñoño que tienen algunas de las últimas películas de Marvel. Lo mismo se puede decir de su secuela. Tim Miller hace un gran trabajo en la dirección, y es también el director de la próxima película de la saga Terminator (James Cameron participa en la historia pero la escribe David S. Goyer… no queremos valorar este pastiche, al menos todavía, pero hemos sentido un poco de escalofríos al pensarlo, y no para bien), y es también el productor ejecutivo de la ya polémica Sonic, la película.

Y este tono de más desenfado, aventuras y huir del drama filosófico y existencial se ve en dos películas de DC que, para nosotros, son muy satisfactorias, entendiéndolas, eso sí, y sobre todo, como películas de acción, efectos y aventuras y no como adaptaciones fieles de los personajes en los que se basa: Wonder Woman (Patty Jenkins, 2017) y Aquaman (James Wan, 2018). Muy, muy buenas del género.

Wonder Woman es una película que parecía no iba a llegar. En esta época de reflote del feminismo (no siempre con las honorables y legítimas aspiraciones que debería llevar dicho movimiento) parecía increíble que la tercer miembro de la Trinidad de DC no hubiera tenido nunca una película. Sí, había cosas por ahí interesantes, como su mítica serie, pero no acabada de cuajar, y es que en los últimos tiempos, sin duda, de los mejores cómics de DC llevan su nombre, como el que comentamos en este blog hace un tiempo, o como se puede apreciar en cualquiera de los recopilatorios que Planeta ha estado editando en nuestro país (sobre todo su etapa clásica, sin desmerecer otros períodos).

El reparto lo lidera Gal Gadot, conocida actriz israelí que tuvo un papel secundario en la divertida comedia Las apariencias engañan (Greg Mottola, 2016) y en la saga Fast & Furious. En el 2016 debutaba como Wonder Woman, pero pasó algo desapercibida, más allá de su vistosa presencia física. Sin embargo, y aunque la actriz, también modelo, tiene tipo para ello, no parecía muy corpulenta para el papel en ningún momento. A pesar de todo, su carisma en pantalla funcionó perfectamente en el film de 2017. Le acompañan algunos rostros conocidos, como Robin Wright (la mítica Claire, de House of Cards, pero también conocida por su papel en la no menos míticas Forrest Gump, La princesa prometida o en la excelente El protegido), Chris Pine (de las excelentes nuevas películas de Star Trek), Danny Huston, Connie Nielsen o Elena Anaya, entre otros.

La película, como decimos, funciona, se desarrolla perfectamente (posiblemente por la buena mano de Patty Jenkins, también directora de Monster), y la actriz protagonista llena y hace suya al personaje, y nos deja con la sensación de estar ante una película superior a otras de superhéroes más “cacareadas”. Éxito de taquilla (más de 800 millones de dólares), ha vuelto Galdot a hacer de Wonder Woman en La liga de la Justica. La segunda parte, claro, asoma por el horizonte.

Aquaman no es menos interesante. Si somos sinceros, pensábamos que iba estrellarse. Su lanzamiento era posterior, como ocurrió con Wonder Woman, a un gran cómic, su etapa Nuevo Universo DC. Pero el protagonista parecía convencer aún menos, así como la obligación de mucho uso de efectos especiales por lo especial del personaje. No auguraba nada bueno, la verdad.

Pero claro, resulta que la dirección recayó en James Wan, el jovencísimo malayo que renovó y está renovando el género del terror con su saga Saw, Insidous, Expediente Warren o las series como La cosa del pantano. Eso sin contar con Furious 7 y otras tantas producidas y/o escritas. La película, desde luego, es una montaña rusa de efectos pirotécnicos, acción e imposibles sin caer en el ridículo (la colaboración de Geoff Johns no era desde luego garantía de nada). El reparto, bastante bien equilibrado y famoso (Jason Momoa, Willem Dafoe, Patrick Wilson, Nicole Kidman o Dolph Lundgren), funciona.

Luego, un largo como ¡Shazam! (David F. Sandbeg, 2019) se queda algo corto, no llega a convencer, si bien es cierto que su tono era el de una película juvenil que hoy en día se ha perdido un poco (únicamente Tomorrowland, sí, habéis oído bien, pretendía recuperar este estilo).

Como dijimos, aquí terminamos nuestro repaso de adaptaciones comiqueras que en nada envidian a las de Marvel/Disney, ya que las películas de animación japonesa hechas en imagen real (llamadas Live Action), no vamos a tratarla hasta otro futuro post. No obstante, nos gustaría destacar, por haberse hecho en EEUU, la un tanto infravalorada Ghost in the Shell (Rupert Sanders, 2017). Quizá, y sin el quizá, le pasa lo mismo que le pasó a Valor de ley (2010) de los hermanos Coen, que era como un poco “esto me suena” por las versiones anteriores, pero que en nada deber desmerece unos muy buenos trabajos. Si bien es cierto que solo en los créditos finales, cuando escuchamos la música de Kenji Kawai, disfrutamos de un tema destacable, el tono onírico, la puesta cyberpunk en escena, las luces y el tono, no desentonan para nada con el tono que le dio Masamune Shirow a Ghost in the Shell 2: Innocence (Mamoru Oshii, 2004).

Ahora sí, nos despedimos hasta, quién sabe, otro futuro post sobre este tema.

 

1 Response to “Películas basadas en cómics mejores que las de Marvel (III)”


  1. 1 Guillermo Solís noviembre 5, 2019 de 3:58 pm

    Últimamente parece que Marvel está acaparando el cine basado en comics, pero aquí tenemos una buena selección de grandes películas. Me quedo con Gal Gadot como Wonder Woman y Deadpool, por su humor ácido y mordaz


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