Películas basadas en cómics mejores que las de Marvel (II)

Tras la primera parte en la que empezamos a comentar algunas películas, pasamos ahora a la década de los 90, para centrarnos especialmente en adaptaciones de cómics independientes que van a dejar de lado los superhéroes mainstream para abrazar los más alternativos. Adaptaciones que van a dar como resultados alguno de las mejores películas del género. Continuad con nosotros este viaje cinéfilo-comiquero tan especial.

Recordad que el fin de esta serie de post no es molestar a nadie. Todo esto, como no podía ser de otra manera, y más en un blog, son opiniones que pueden ser o no compartidas. Simplemente es una reflexión para hablar de películas basadas en cómics que, desde hace varios años, e incluso recientes, nos parecen mejor que las que últimamente está haciendo Marvel. Son como os dijimos películas que arrancan en los 70 y que a nosotros, insistimos, nos parece que no tienen nada que desmerecer a las que hoy en día se llevan toda la fama. Marvel merece todo nuestro respeto, pero Marvel no fue la que inventó la adaptación de cómics ni mucho menos tiene el monopolio de la calidad.

Los 90´s trajeron grandes joyas de cómics independientes. No solo de Batman y Supeman vive el hombre

Antes de la moda febril de los superhéroes, los grandes estudios solo se fijaban en los clásicos, sea Superman o sea Batman, incluso incursiones fallidas del Capitán América o Spiderman. Pero en los 90s se abrió la veda para la búsqueda de lo exótico.

Una adaptación, muy graciosa y muy bien hecha, con buena taquilla y resultados, es la del famoso cómic independiente de Eastman y Laird, las Tortugas Ninja (Steve Barron, 1990). Conocíamos a las famosas tortugas ninja adolescentes Miguel Ángel, Leonardo, Rafael y Donatello, así como al Maestro Splinter, April o Casey (por Elias Koteas), sin olvidar al malévolo Shredder. En plena fiebre de 1990 con el relanzamiento de la genial serie de animación y el orientalismo, y con las maquetas del gran Jim Henson (al que algún día se le hará, aún más, justicia), fue inolvidable para los niños y adolescentes de aquella época. Dos secuelas más en tres años, la tercera entrega sin la factoría Henson (y se notó), muestran a las claras el pelotazo que supuso.

Pero aparte de los Batman y Superman ya nombrados, hay una trilogía que, en nuestra opinión, muestran muy a las claras esto que decimos, y las tres con gran calidad. Hablamos de Crying Freeman: los paraísos perdidos, El cuervo y Camino a la perdición, tres películas de culto de tres cómics también muy particulares (aunque el de las tortugas ninja también se le presupone era independiente).

La primera, Crying Freeman: los paraísos perdidos (Christophe Gans, 1995), está basada en un manga del mismo nombre escrito por Kazuo Koike (considerado uno de los más brillantes guionistas de Japón, responsable también de El lobo solitario y su cachorro) y Ryoichi Ikegami (dibujante también del manga de culto, incluida España, Mai, the Psychic Girl). Nos estamos centrando en el cómic principalmente, pues en Japón, con la excelente trilogía de Kenshin, el guerrero samurái y otras versiones, tendríamos para muchas más entradas si incluyéramos el manga (ya os haremos un especial Live Action, es por eso que no hablamos de adaptaciones de manga en estos posts). No obstante, sí que vamos a incluir algunas adaptaciones que nosotros no consideramos Live Action porque no son japonesas. En este caso es canadiense, y está basada en la historia “Retrato de un asesino” del manga Crying Freeman, con algunos cambios (ella es japonesa y todo ocurre en Japón, mientras que en la película está a caballo entre Canadá, San Francisco y Japón). Como sea, la película recoge bien el espíritu noventero y de la época, con música ambiental, voz en off muy suave de la protagonista y un acabado de fotografía y en general muy satisfactorio.

El actor protagonista, Mark Dacascos, de peculiares rasgos propios de su origen hawaiano, es de los más destacado en cuanto a llamar la atención. Lo conocimos previamente en la película frikada Double Dragon: La película, y también por sus papeles en varias series (incluyendo Agentes de SHIELD, Mortal Kombat o Hawai 5.0), pero que también algunos recordarán por la reciente John Wick 3, capítulo 3: Parabellum. Eso sí, en el film se recuerda mucho a la protagonista, por supuesto, Julie Condra (Nixon, Oliver Stone, 1995) o los clásicos del cine japonés Mako (¿Qué quién es Mako, maldito “desgraciao”? Pues Akiro el mago, de la saga Conan, pero también de Robocop 3, Los inmortales 3, el hechicero, Sol naciente, Los aristócratas del crimen…), nominado al Oscar por su gran papel en El Yang-Tsé en llamas (Robert Wise, 1966), también doblador (El laboratorio de Dexter, Samurái Jack, True Crime: Streets of LA…), y Yoko Shimada (Shogun, señor de samuráis, dentro de una larga carrera en Japón) y muchos más.

Una estética y una puesta en escena muy cuidada por parte del francés Christophe Gans y su director de fotografía, con homenajes cuasi oníricos a la acción John Woo (Gans, director de las estupendas El pacto de los lobos, también con Mark Dacascos, y Silent Hill).

La segunda película de esta “trilogía” especial de las que os hablamos es El cuervo (Alex Proyas, 1994), y es especialmente destacable. En nuestra opinión una obra maestra de su género, con una ambientación e iluminación extraordinaria, sin olvidar una música y momentos geniales. La historia basada en el cómic independiente de James O´Barr, en el que un cuervo, manipulando el poema legendario de Poe, resucita a un asesinado para vengarse, funciona como un reloj. Es una película muy superior, narrativa y estéticamente, al cómic en el que se basa. Destacan en el reparto rostros conocidos de los 80s y 90s como Michael Wincott (Robin Hood, príncipe de los ladrones, Alien: Resurrección), uno de los malos por antonomasia noventero, el gran Ernie Hudson (Los cazafantasmas), Jon Polito (El gran Lebowski, Muerte entre las flores), hombre Coen donde los haya, un gran actor poco conocido, y Anna Levine (Amor a quemarropa, Sin perdón). Como veis, todo un reparto, liderados por el protagonista Brandon Lee (Shodown in Little Tokyo, Rapid Fire), hijo del mítico Bruce Lee, y que por desgracia falleció en el rodaje de la película por culpa de un accidente. Una carrera centrada en la acción en auge que quedó truncada con 28 años.

El director egipcio crea una película de culto, como luego sería Dark City (1998), y al igual que The Matrix coge cosas de Dark City, ¿no es cierto que incluso Seven (David Fincher, 1995) coge también elementos de este El cuervo? Como sea, una puesta en escena propia de un director acostumbrado al videoclip musical, de gran calidad general y que cada año que pasa gana más y más.

Luego tuvo hasta tres continuaciones poco afortunadas (sí, habéis oído bien: tres) e incluso una serie de televisión (hoy, con el auge de las series, ¿por qué no volver a intentarlo?), no mal valorada e interpretada por precisamente Mark Dacascos, pero ya no se alcanzaría el mismo éxito artístico ni de taquilla.

Camino a la perdición (Sam Mendes, 2002), es otro caso parecido, la tercera de esta terna de “independientes”. Liderados por el ya legendario Tom Hanks (Forrest Gump, Salvar al soldado Ryan), con Jude Law (El talento de Mr. Ripley, The Young Pope), en ese papel de loco que tan bien interpreta como gran actor que es y, cómo no, con la participación como malo del mito del cine Paul Newman (El largo y cálido verano, La gata sobre el tejado de zinc, El golpe, etc., etc., es imposible decir todas), el director del mundo del teatro Sam Mendes se marca un gran film basado en el cómic de Collins y Rayner. Es, sin duda, la de mayor reparto y presupuesto.

Pero no solo eso contribuye, la música y la estética también. La música, de Thomas Newman, hijo del gran Alfred Newman, de la saga de compositores de los Newman, aporta un tono genial a toda la película, una de las mejores composiciones de un compositor más ligado que su padre a las series que a las películas (Dos metros bajo tierra). Lo segundo, la estética, intrínsecamente relacionada con la música, da grandes momentos, con una cuidada ambientación, uso inteligente de la cámara lenta, de la lluvia, etc., etc. (se llevó, de hecho, un Oscar a Mejor Fotografía para Conrad L. Hall). Un recorrido que pone de manifiesto la relación padre-hijo que estuvo muy bien valorada por crítica y público. En ciencia ficción, aunque inferior, tendríamos luego en años posteriores La carretera (John Hillcoat, 2009) basada en la novela homónima de Cormac McCarthy, si bien aquí le falta un “malo”, al menos en el sentido clásico o de “hombre”.

Pero sorprendente (o no, ya decimos que es la época en la que Hollywood se puso a buscar cómics raros para versionarlos) fue que se hiciera una versión de Men in Black (Barry Sonnenfeld, 1997), aunque no deja de ser lógico al tirar de un famosísimo noventero como era Will Smith y una pareja no menos en alza como era Tommy Lee Jones. Lejos quedan sus decepcionantes segunda, tercera y cuarta entregas, productos cuidados, de acuerdo, pero estandarizadas y anodinas. En esta primera se le da una buena vuelta de tuerca al tema de los famosos hombres de negro que, tras cualquier visita OVNI, visitan al aterrado testigo para borrarle la memoria según la tradición popular. Con una tema principal que sonó mucho, aun no siendo original, el resultado dejaba más que satisfecho, con más de 500 millones de dólares de la época recaudados que, para una película de “tonterías” (esto es, como se decía en la época a una película basada en un cómic y, además, desconocido), no era moco de pavo.

Marvel sin Marvel

Se ha dicho que, dada la decepcionante Hulk de Ang Lee, las mediocres dos primeras entregas de Los cuatros fantásticos (y la horrible tercera entrega), así como las versiones Amazing Spiderman que no llegaron a gustar, fuera de Marvel nadie puede adaptar Marvel. Pero esto tampoco es cierto. Como hemos dicho en este post, se ha creado el mito de que nadie, excepto Marvel, sabe crear películas de superhéroes, principalmente de sus cómics, y no es verdad.

Por ello, nos gustaría destacar el grandísimo trabajo de Sony y Fox en dos franquicias de aúpa: X-Men y Spiderman. En su momento, una Marvel para nada interesada en adaptaciones cinematográficas vendió los derechos de esas dos sagas y… la cagó, hablando rápido y mal, pues dejó pasar millones de dólares de ganancias.

La primera franquicia se enmarca en el principio de siglo XXI. Los X-Men, La patrulla X, adaptados al cine levantó todo tipo de rumores y esperanzas, y la mayoría criticó el aspecto de Lobezno, de los trajes, de esto y de lo otro. Sin embargo, el tono de intentar hacer los superhéroes mitad real mitad fantasía, cambiando trajes, cambiando el “background” de los personajes, y un largo etcétera, al final ha sido utilizado por la propia Marvel. La película funcionó y funciona, acabó triunfando, con un elenco de superhéroes juntos que solo se ha visto después en Los Vengadores. El reparto, además, tanto los conocidos como los desconocidos (que después se harían conocidos), también convence: Patrick Stewart (¡larga vida a Picard!), Ian Mckellen (El señor de los anillos), Hugh Jackman, Halle Berry… Su director, Bryan Singer (creador de House), un tipo de oficio, le dio su toque en fotografía y tono a la saga, como hizo Chris Colombus en la saga Harry Potter, cosa que se mantendrá en el resto de películas de la saga (de las mejores películas de la saga son las dirigidas por él).

Las estupendas X-Men (Bryan Singer, 2000), X-Men 2 (Bryan Singer, 2003), X-Men: Primera generación (Matthew Vaughn, 2011), X-Men: días del futuro pasado (Bryan Singer, 2014), Lobezno inmortal (James Mangold, 2013) y El viejo Logan (James Mangold, 2017); las irregulares X-Men: La decisión final (Brett Ratner, 2006) y X-Men Orígenes: Lobezno (Gavid Hood, 2009), o la decepcionante X-Men: Apocalipsis (Bryan Singer, 2016), muestran, en conjunto, con sus más y sus menos, una saga en término generales, como decimos, de gran nivel, que no parece tener un final claro, y que son posiblemente la mejor saga larga cinematográfica de superhéroes junto con la de Batman y, posiblemente, superior a la de Spiderman. La última, ya con Fox comprada por Disney, ha sido X-Men: Fénix Oscura (Josh Boone, 2019), y ya hemos tenido una muestra de Disney/Marvel de los últimos tiempos: una historia sin interés, un mero trámite muy bien ejecutado pero más próximo a un telefilme que a un largo.

La segunda franquicia es la recordada trilogía de Sam Reimi (The Evil Dead) sobre el hombre araña. Spiderman (Sam Reimi, 2002) fue un pelotazo en taquilla y una película excelentemente valorada por fans y críticos. Era recuperar el cine anterior de los 80s de superhéroes: colorido, personajes, diversión. Protagonizado por los desconocidos para el gran público Toby Maguire, Kirsten Dunst o James Franco (con teloneros como J. K. Simmons o Willem Defoe, ahí es nada), abrió la veda del cine de cómics y llamó la atención a Disney para hacerse con Marvel y a Marvel para hacer lo que otros, y con éxito, ya estaban haciendo sobre su increíble fondo de armario de cómics: adaptaciones, adaptaciones y adaptaciones. La segunda parte de esta trilogía fue para muchos mejor, Spiderman 2 (Sam Reimi, 2004), con Octopus, llena de destrucción, humor, acción y para todos los públicos (no hacía falta poner sangre ni nada obsceno… ni violentar el personaje con la inclusión y el bienquedismo). Y aunque la tercera parte tira todo por la borda, el buen sabor de boca de las adaptaciones de Sam Reimi son referencia para llevar al cine al personaje.

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  1. 1 Películas basadas en cómics mejores que las de Marvel (III) | Frikadasmil Blog Trackback en noviembre 5, 2019 a las 3:54 pm

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