Cine con enredo de indentidades sexuales (IV)

Hace un año os hicimos el tercer especial de películas que catalogamos en su primer post de “Cine con enredo de identidades sexuales”. Eran películas que, de manera humorística o desenfadada, ponían el ojo sobre la homosexualidad, bisexualidad, travestismo… Pues bien, ha llegado la hora de la cuarta entrega que, es ya un hecho, forma parte de una serie de entradas sobre cine de la misma temática.

Recordemos lo que en todos estos post siempre recordamos, aunque ello conlleve repetirse más que el ajo: el criterio para escoger las películas no es por el mero hecho de estar basadas en el tema de las opciones sexuales solamente. Que la película tenga un mínimo de calidad e interés cinéfilo también es de obligado cumplimiento. Por otro lado, y aunque aquí hemos hablado de películas más dramáticas, el título de “enredo” viene a significar que buscamos precisamente eso, el “enredo”, el lío, la situación humorística (aunque eso no quita que algunas de estas películas pueden tener cierto regusto amargo). Sobra decir además (aunque en este mundo estúpido en el que estamos nunca está de más explicarse), que no hay en nosotros ningún interés de burla o de menoscabo. Ni mucho menos. De hecho, la mayoría de estos guionistas o directores apoyan las reivindicaciones de estos colectivos, y al igual que nosotros, están a favor de sus derechos. El humor, en muchas ocasiones, puede ser un arma poderosa para el avance. Dicha esta aclaración, continuamos.

Mejor que el chocolate (Anne Wheeler, 1999)

Empezamos con una película indie canadiense muy conocida el año de su estreno. En ella se nos cuenta la historia de Maggie, una joven lesbiana que trabaja en un librería lésbica (sea lo que sea que signifique eso) y que ha dejado la universidad. Aquí, en este lugar en el que trabaja, conoce a Kim, una pintora que vaga por todo el país. El problema está en que su madre, con su otro hijo, va a irse a vivir una temporada con ella porque se ha divorciado. El lío así está servido porque su madre no sabe los gustos sexuales de su hija.

La madre, todo un descubrimiento, está interpretada por Wendy Crawson (conocida por papeles en películas y series tales como Air Force One, la saga de ¡Vaya Santa Claus!, 24, etc., entre otras más “serias” y premiadas con pequeños papeles en El 6º día, La habitación…).

El dúo protagonista está interpretado por Karyn Dwyer y Christina Cox. Karyn Dwyer, conocida por muchos papeles como Superstar o doblajes como el de Sailor Moon en su país, incluyendo programas que produjo, algunos relacionados con el feminismo, etc. , es la hija “díscola”. Es el papel que la catapultó a la fama, una actriz joven que por desgracia falleció el año pasado a una edad muy temprana. Su pareja en el film, Christina Cox, también la conoceréis por papeles en series (algunas friki) en Arrow, iZombie, Nikki & Nora, Gravedad cero, Elysium o la detective Zoey Kruger, que se “atreve” a detener y amenazar al simpar Dexter (y por muchas series más en pequeños papeles o en grandes: House, Bones, Las crónicas de Riddick, CSI, serie El cuervo, F/X…).

Destaca también el papel de Peter Outerbridge, otro de Ontario, como casi todo el reparto, en el papel del transexual Judy. Pero es conocido por muchas series y películas, incluyendo 24, en la que coincide con Wendy Crawson, This is Wonderland (con Cox, ya veis qué casualidad), y muchas más series y frikadas como Saw VI, Silent Hill: Revelación 3D, voces de videojuegos como Far Cry 5, Misión a Marte

En fin, una película no muy larga, amena, que pasa de algo más “salvaje” en sus primeros minutos a una comedia más costumbrista y cercana en su segunda parte (sobre todo a partir de la llegada de la madre), escandalosa entonces pero no hoy y que como mensaje viene a decirnos, poco más o menos, que disfrutemos mientras podamos, que nunca se sabe lo que nos deparará el futuro. El argumento es tópico, pero es interesante, pues conocemos el punto de vista de la sociedad canadiense (con más prejuicios según el film de lo que nos vendían en aquella época) e incluso se atreve a tocar el tema de algunos gays que se muestran también ellos intolerantes.

Desayuno en Plutón (Neil Jordan, 2005)

De una película indie pasamos ni más ni menos que a una producción muy superior dirigida por el gran Neil Jordan (que tiene mucho cine de divertimento del bueno, entre otros títulos Entrevista con el vampiro, Michael Collins, Byzantium, Juego de lágrimas o La extraña que hay en ti, por nombrar algunos títulos). El guionista, junto con el propio Neil Jordan que suele escribir o adaptar novelas por él mismo, es Pat McCabe, el propio autor de la novela en la que se basa la película. En la película Contracorriente (1997), Neil Jordan ya había adaptado una novela suya al cine, y suele incluso aparecer en pequeñísimo papeles (y en otros más grandes).

La historia narra, a modo de capítulos al más puro estilo de cine de biografías (o biopic), la vida de Patrick Braden, un joven irlandés de un pueblo perdido que es homosexual/transexual. Hijo adoptivo, emprende la tarea de encontrar a su madre mientras de paso descubrimos cientos de personajes y su crecimiento personal hasta encontrar su camino.

El protagonista es Cillian Murphy, un tipo de rasgos físicos peculiares, hoy más maduro aún más marcados, que lo hacen ideal para papeles tan diferentes pero tan exitosos como las que desarrolla en Origen, La joven de la perla, 28 días después, Batman Begins, Sunshine o Vuelo nocturno, entre otras muchas de cine comercial de alto nivel. Lo mismo le da hacer de un artista, que de varias veces psicópata, una de ciencia ficción que un thriller. Es un tipo versátil pero todavía poco conocido, aunque con su edad todavía no ha dicho la última palabra. Otro destacado papel, sin duda, es para el gran Liam Neeson. Presentar ahora a Liam Neeson carece de sentido. Tan bien como siempre, con esa peculiar voz destacable (por cierto, ambos Murphy/Neeson salen en Batman de Nolan).

Del resto, son todas estrellas del cine irlandés, como Stephen Rea, Liam Cunningham, Brendan Gleeson, y los buenos papeles de Ruth Negga o los dos actores que hacen de Lawrence (Seamus Reilly).

En definitiva: una película a medio camino entre el indie y el presupuesto, con guionista, director y actores con oficio, muy bien llevada y que resume bien lo que os decíamos en la introducción de este post sobre la mezcla agridulce o divertida-dramática en sus dosis justa.

Sam (Nicholas Brooks, 2015)

Esta película la dirige Nicholas Brooks, hijo del gran Mel Brooks, quien también produce la película. De hecho, el hijo se deja ver más en producciones que dirigiendo en cine, pero en esta ocasión no solo la dirige sino que se atreve a escribirla (con la ayuda del guionista de largo recorrido John A. Gallagher).

¿Y de qué va el guión? Sam, un ejecutivo que solo quiere a las mujeres para su diversión, una noche, borracho, entra en una tienda especial y acepta la bebida de un hombre que le echa un discurso sobre el respeto y el valor de las mujeres. Sin hacerle mucho caso, se va a su casa y, cuando despierta… ¡se ha convertido en una mujer! Deberá así pedir ayuda a su mejor amigo y disimular en el trabajo hasta que sepa qué ha pasado.

Como veis, recuerda en casi todo (y de hecho los primeros 30 minutos de película son clavados) a Una rubia muy dudosa del genial director Blake Edwards. Sin embargo, como decimos, termina por avanzar en la trama, separándose en tono de la película de la que bebe como inspiración.

La película en sí es irreal tanto con los hombres (a los que prácticamente retrata a todos como machistas y zafios, solo se salva el único homosexual) como con las mujeres (seres de luz sin mácula). Aun así, lo que se buscaba es algo que en los últimos minutos no se comprende muy bien. Es decir, el guión venía a demostrar que no importa si eres hombre o mujer sino a quién puedes llegar a querer. Que no es tu sexo sino tu mente la que es válida, lo mismo para algo intelectual que para el amor. Pero la escena en la que ella finalmente se enamora de su amigo y se lanza a por él porque le gusta su olor corporal, deja en el aire que es algo de “hormonas”, más que otra cosa (¿no hay mujeres que gustan de otras mujeres? ¿Qué tendrá que ver aquí la química?).

Como no podía ser de otra forma en personas especializadas en teatro, y además de comedia, con Mel Brooks en la producción, lo más destacado es el grupo de actores que cumple muy bien con su cometido. La protagonista femenina es Natalie Knepp, conocida por muchos papeles en cine y televisión, la cual se mueve con solvencia en el papel, al que encara con ganas y dándole ese tono macarra que ya hiciera Ellen Barkin en la película de Blake Edwards. Su alter ego masculino es Brock Harris, al que apenas vemos unos minutos, y que pese a su juventud se ha atrevido incluso a dirigir y fue un personaje recurrente en Major Crimes. Parecidas palabras para Sean Kleier, que lo mismo aparece en pequeños papeles como Ant-Man y la Avispa, que en series (por ejemplo Blue Bloods, serie que también podemos ver a Brock Harris o a Natalie Knepp, por cierto), aunque nunca parece totalmente cómodo en el papel.

Sin embargo, lo destacado sin duda es esa caterva de secundarios que solo un Brooks puede convencer: Morgan Fairchild, Bryan Batt y Tom Pelphrey. El primero de esos secundarios es la explosiva Jordan Roberts de Falcon Crest, que también salió en Dallas, Flamingo Road y tantas otras películas y series famosas (con frikadas típicas para este blog como la serie de Spiderman del 78 o Lois y Clark: las nuevas aventuras se Superman). El segundo es el inolvidable Salvatore Romano en la no menos inolvidable obra maestra de las series Mad Men, en aquel genial papel de creativo artístico que tenía que disimular su homosexualidad para no verse ninguneado por sus “machotes” compañeros. Aquí tiene de nuevo ese papel, pero tirando del tópico del especialista en moda. El tercero tiene un papel pequeñísimo, pero se le conoce por ser Ward Meachum, el “hermano” de Iron Fist en la serie del mismo nombre de Netflix, genial medio bueno medio malo en la serie, un actor que creemos tiene mucho que decir todavía en cine y televisión.

Mención especial para James McCaffrey: ¿por qué? ¿Porque su papel de cerdo tocón es de los más recordados del film? No, porque es la voz de Max Payne en la trilogía, así como de haberlo sido también de Alone in the Dark o uno de los personajes de la excelente segunda temporada de Jessica Jones. Frikismo non stop.

Poco más. Una producción no muy potente, pero sí fácil de ver y cuidada, que no parece decidirse bien por un camino claro en ningún momento, pero que deja a las claras que el tema de estos post de Cine con enredos sexuales sigue siendo un tirón en el cine.

Zerophilia (Martin Curland, 2005)

Vamos ahora con la cuarta y última película de esta entrada, otra película independiente de bajo presupuesto que cuenta una historia original (aunque a los frikis del lugar nos recuerda a Ramma ½): Luke es un joven que un día, quedando con una chica, siente cuando se excita algo muy raro: su cuerpo parece mutar en el de una mujer. ¿Qué está pasando aquí? Que es “zerofílico”. Dirigida y escrita por Martin Curland, la película supone un juego de enredos típico del subgénero “transformación”, pero cambiando algunos postulados que lo hacen original a la hora de “sufrir” la susodicha transformación.

Los protagonistas no son estrellas, pero sí que fueron escogidos de multitud de series de adolescentes que estaban entonces en la cresta de la ola. El protagonista, Luke, está interpretado por Taylord Handley, que aparecía en una serie de jóvenes (The O.C.), y que monopoliza todos los planos. Su transformación en chica lo hace Marieh Delfino, nacida en Venezuela, otra conocida por una serie para la muchachada llamada Cosas de chicas.

Fuera de estos dos tenemos a sus colegas, interpretados por Dustin Seavy y Alison Folland (que tuvo un papel en la película Boys Don´t Cry, de temática también del estilo de estas películas que comentamos, aunque más dramática). Los dos son el contrapunto más cómico como pareja que vive de forma extraña la transformación de su colega (ella, con amagos de lesbianismo, él, digamos, “flipándolo”). Destacan también tres papeles imprescindibles en la trama: la doctora y la novia de Luke y su alter ego “zerofílico”. La primera es Gina Bellman, de larga trayectoria en cine y televisión, mientras que la segunda la interpreta Rebecca Mozo en el papel de Michelle (conocida por la serie cómica Kittens in a Cage), y que parece un clon versión (más) reducida de la actriz británica Keira Knightley. El último es Kyle Schmidt, que en esta ocasión parece un clon joven del famoso Kevin Bacon.

Como sea, y fuera de bromas sobre algunos parecidos físicos, el reparto está muy bien, pues son jóvenes pero con mucha experiencia, sobre todo en el tema romántico-amoroso, de líos y de disputas juveniles. En ese aspecto se podría decir aquello de que los papeles le vienen “como anillo al dedo”.

La trama, a diferencia de Sam, que no llega a definirse, está claramente enfocada a jugar con la metáfora del paso de adolescente a adulto en el plano emocional/sexual. Las dudas del personaje son dudas que pueden surgir a otros en esa edad, cuando el descubrimiento sexual, y seguir la trama mirando más allá es entender que la película quiere mostrar las dudas y problemas a los que se enfrentan los muchas veces incomprendidos bisexuales, tachados en numerosas ocasiones de débiles, dubitativos, de no ser capaz de definirse, cuando en realidad es su opción libre.

 

Y esto es todo. Esperamos que os hayan gustado, que abramos la mente todos y, ante todo, lo que importa en un largometraje es el largometraje en sí y si bien ninguna es un clásico, aunque Desayuno en Plutón es muy reconocida, sí son películas como para darles una oportunidad y visualizarlas.

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