Saga Street Fighter (I)

Aprovechando que está por aquí por el blog una nueva entrega de la gran saga Street Fighter, Street Fighter V, vamos a repasar la saga desde sus inicios. Una saga que, independientemente te guste la lucha o no, es icónica de los videojuegos como un Mario o un Sonic y que forma parte de la cultura pop en general. Ponte la venda, el cinturón, descálzate y acompáñanos a dar estopa.

Si recordáis, ya dijimos hace tiempo, en el reportaje de los boxeadores virtuales, que el género del boxeo, si bien con un mando en forma de guante que dejaba a las claras que era un juego deportivo, algunos divulgadores del videojuego, como Loguidice y Barton en su libro Vintage Game Consoles, an inside look at Apple, Atari, Commodore, Nintendo, and the greatest gaming platforms of all time(Focal Press, Nueva York-Londres, 2014), dicen que fue el introductor del género de lucha/beat´m up. Son el género del  hand to hand (sin armas), origen del género de lucha y del género del “yo contra el barrio”.

Como siempre en el mundillo videojueguil, los ochenta son la base de cualquier género. Todos, pero principalmente los de esta década, son los pioneros. Los juegos de lucha se ponen de moda tanto para salones como para el mercado doméstico. Es como el tenis a la hora de representar en 2D: de lo más “sencillo”. Eso sí, no esperéis mucha libertad de acción, elección de personajes o combos imposibles. Sobre raíles (bueno, no es así, pero para que nos entendamos) y generalmente no aceptan un segundo jugador y, si lo aceptan, es el mismo que el 1 pero de color rojo (el 1 suele ser de color blanco. Os suenan estos colores, ¿no? Son los que llevan Ryu y Ken).

Bien, como decimos, dentro de la lucha en esa época hubo varios pioneros, tales como Karate Champ, Yie Ar KUNG-FU, etc. Pero hubo un juego de esos pioneros que dejó huella en varios programadores.

STREET FIGHTER (CAPCOM, 1987)

Michael Latham dijo que le había inspirado para su, en su momento, famoso juego Tongue of the Fatman (Slaughter Sport) (Activision, 1989). Pero parece raro, ¿verdad? La mayoría de los videojugadores actuales, y de aquellos que vivimos el lanzamiento y el boom de Street Fighter II, no conocíamos esta primera parte, ni la habíamos escuchado. Nos sonaba algo de Ryu como protagonista y Sagat como jefe final, sí, pero ni idea. Y porque, como decimos, fue influyente, pero dentro de ciertos márgenes particulares. Para los jugadores y para la propia CAPCOM el éxito fue bajo. Nadie esperaba una continuación (de hecho sus programadores principales dejaron la compañía para irse a SNK a hacer, ahí es nada, Fatal Fury: King of Fighters (SNK, 1991).

La historia se centraba en Ryu o Ken, dos clones con dos colores para cada uno para cuando se enfrentaran dos en las recreativas, pero sin cambios significativos entre ellos. Solo se podían manejar estos y había que enfrentarse a dos luchadores por país (12), siendo el jefe final Sagat. Esto está genialmente contado en la película Street Fighter II: The Animated Movie (Gisaburo Sugii, 1994), con esa lucha entre Ryu y Sagat que acaba con el gigante tailandés herido y con una enorme cicatriz en su pecho (en esta primera parte no tenía cicatriz y, a partir de aquí, en cada juego aparece con ella)

El juego, como decimos, fue popular moderadamente, pero era difícil de controlar por su gran novedad: el control mediante 6 botones, con sus míticos puñetazos y patada débil, media y fuerte y sus semicírculos para hacer hadoken y movimientos especiales).

Sin embargo, lo mejor estaba por venir.

STREET FIGHTER II: THE WORLD WARRIOR (CAPCOM, 1991)

Y llega el pelotazo, el éxito brutal, un mito del siglo XX de la cultura pop: Street Fighter II: The World Warrior, más conocido como Street Figher II. Cuando lo veíamos en las recreativas, aparte de pensar que cuál sería su primera entrega cuando aquí venía un dos en el título, no lo podíamos creer: gráficos, colorido, animación, música y… jugabilidad. Sí, eso es, jugabilidad; un videojuego no tiene sentido sin la jugabilidad. Los temas de Guile o Chun-Li, las voces digitalizadas de los ataques de Dhalsim, la originalidad de Blanka o los subjefes… Todo genial, legendario e inolvidable. En Europa llegó en 1992, en plena fiebre en el continente con los videojuegos, con un plantel de 8 bits y 16 bits con un catálogo infinito, incluidas portátiles, y en plena lucha SEGA-Nintendo. Más de 2 millones de euros dicen que le costó a CAPCOM crearlo y apostarlo todo por la continuidad de un juego con gran potencial pero que tampoco, como ya hemos dicho, era la repera en el sentido de popularidad (su “segunda parte”, iba a ser, de hecho, Final Fight (CAPCOM, 1989). En el colegio hacía furor: se dibujaba, se comentaba, se echaban “cinco duros” (25 pesetas, la antigua moneda española antes del euro, hoy 0,15€) y se miraba con envidia al que poseía un cartucho de Super Nintendo con la(s) legendaria(s) ilustración(es) de Mick McGinty en su portada (nosotros compramos el día del lanzamiento otro juegazo, Double Dragon, para la Master System II, y mirábamos con envidia a los “rivales” que lo compraban, aunque luego se nos olvidó pelándonos las uñas, literalmente, jugando a este otro clásico).

La recreativa no se quedó así tal cual, y así fue recibiendo actualizaciones conforme pasaba el tiempo y además llegaba al mercado doméstico. La más famosa sea quizá Street Fighter Special: Champion Edition (1992), donde como novedad teníamos que se arreglaban pequeños fallos, o la versión “Turbo”, para los pro que ya había sacado todo el juego a las recreativas.

En estos tiempos, 1992, el juego llega en exclusiva al “cerebro de la bestia”, Super Nintendo, vendiendo más de 6 millones de unidades en todo el mundo y dejando con un palmo a los usuario de Mega Drive. Pero SEGA, que lideraba el mercado europeo y americano en aquellos tiempos, no iba a quedarse atrás. No solo adquirió la versión Mortal Kombat (Acclaim, 1992) sin censura (esto más por una torpeza de Nintendo que un acierto propio) sino que para Mega Drive acabó saliendo Super Street Fighter II: The New Challengers (1993). Es lo más cercano, por así decirlo, a una tercera parte, con cuatro escenarios y cuatro personajes nuevos de gran personalidad y, en términos generales, acertados diseños, como son Cammy, Tomahawk, Fei-Long y DJ, especialmente la primera.

La jugabilidad perfecta, sus diseños robustos, poderosos, sus animaciones increíbles, efectos gráficos y de sonido y, ante todo, su planteamiento sencillo pero espectacular (¡las fases de bonus, cómo molaban!), crearon un mito. Tal es así que no tardó en llegar otra obra maestra, en este caso del anime: Street Fighter II: The Animated Movie (Gisaburo Sugii, 1994). Una superproducción que ya comenzaba a expandir algo que no podía ser contenido.

STREET FIGHTER III (CAPCOM, 1999)

La sensación, para el común de los mortales, es que este juego nunca existió. Parece como si de la segunda entrega debiéramos pasar a la cuarta. Algo parecido con lo que pasó entre la primera parte con la segunda. Pero sí, sí que existió. Y esa sensación de “no existió” se debe a que, posteriormente, años después, salió en recopilatorios para XBOX y Playstation 2 y en versión descarga, ahí perdido en los sistemas de SONY y Microsoft, para XBOX 360 y Playstation 3, pero de forma primigenia salió para… Dreamcast. La malograda consola de SEGA recibió la exclusiva, y en Sega Saturn ni siquiera tuvo conversión antes de ella.

Sin embargo, el juego fue uno de los grandes exclusivos de esa gran consola que fue la SEGA Dreamcast. Las versiones recreativas, Street Fighter III: New Generation y Street Fighter III Second Impact: Giant Attack, fueron recopiladas en Street Fighter III: Double Impact y, posteriormente, todas las versiones y ampliaciones recogidas en Street Fighter III: 3rd Strike.

El juego tenía como protagonistas a Ken y Ryu, unos gráficos que recuerdan al Alpha y elección del tipo de arte que quieres ejecutar, aunque fue un tanto polémico porque solo venía con 10 personajes que se iban ampliando poco a poco hasta la última versión con 17 (aquí empezó CAPCOM con esta moda). Muchos también critican el nuevo sistema de bloqueos que, decían, hacían el juego muy defensivo, esperando para cargar la barra y ejecutar las artes. Sin embargo, para muchos fans, ojo, puede ser el mejor Street Fighter jamás hecho. Casi nada.

 

Y hasta aquí la primera parte. Nos vemos en la segunda, continuando la saga numerada y el resto de juegos más diferentes, algunos de gran éxito.

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