Chupasangres virtuales Parte I

Como ya hicimos con los juegos basados en el Lejano Oeste y los juegos basados en el polémico pero apasionante mundo del boxeo, volvemos a realizar otro recorrido retro-actual de estilo monográfico. En esta ocasión, dedicado a los chupasangres: los vampiros. Como en literatura, cómic o cine, los videojuegos también se han hartado de Drácula y sus vástagos. Aprovechando que estamos jugando a Vampyr, vamos a hacer varias entradas relacionadas de algún modo con el vampirismo.

Como dice Román Gubern en su libro Máscaras de ficción (Anagrama, 2002), el vampiro es un símbolo del choque entre la naturaleza cultural/animal, basada en la teología cristiana. Sería la culminación del deseo de perpetuarse y ser inmortal, algo condenado por la Iglesia. Pero se da la curiosidad de que en la Iglesia romana católica el cuerpo incorrupto sería típico de santos, mientras que en la Iglesia ortodoxa sería símbolo de lo diabólico, asociando la inmortalidad ambas como castigo (viendo a la momia de Lenin en Rusia no podemos estar más de acuerdo con la ortodoxa, por cierto, aunque si se lee a Dostoiveski no parece acertado esta división entre iglesias).

El inicio, para este autor, del género literario “vampírico” sería el poema La novia de Corinto (1797), del alemán Goethe, sobre una novia cristiana en busca de sangre para alargar su vida:

En ese momento suena la hora lúgubre de los espíritus,

y entonces, solamente, la joven parece sentirse a gusto.

Ávidamente, de sus labios pálidos, ella bebió

el vino de un rojo sombrío como la sangre.

Pero es el irlandés Bram Stoker y su Drácula (1897, un siglo después) el que de verdad pone los cimientos de todo lo que entendemos es el vampiro, desde su sofisticación, su pasado religioso, su animalidad, sed de sangre, castillo, criaturas que le sirven, etc., etc. Y es este el que actualiza el mito, el que se “aprovecha” del siglo del Romanticismo, quien es la referencia para cómics, cine, literatura… y videojuegos.

Los 80: videojuegos vampíricos hasta cumplir el primer siglo de la novela Drácula

Como siempre que uno se acerca a los videojuegos más primitivos, llega la sorpresa y resulta que se hacían con argumentos, de temas osados y que no había muchos problemas en tocar todos los palos. Como se dice popularmente, no somos tan originales hoy en día como nos creemos.

El más antiguo que trata este tema, si no el más antiguo, podría ser The Count (Adventure International, 1979) y Vampire Village (Terminal Software, 1983). El primero, la típica aventura conversacional resultona de los principios de los videojuegos (y que tan mágicas y literarias eran), obra de un mito pionero como Scott Adams, y el segundo para ZX Spectrum con gráficos muy rudimentarios, pero muy original, pues eran personas de un pueblo perdido intentando luchar contra un vampiro que domina la zona.

Pero el bombazo es, sin duda, el juego que inicia una de las grandes sagas de los videojuegos de todos los tiempos: el primer Castlevania (Konami, 1986). Un bombazo desde el primer momento, originalmente para la FDS de Nintendo (que usaba disquetes) y que casi de inmediato dio el salto a la NES y Amiga. Tal fue su éxito que Konami, el mismo año, lanza Vampire Killer. Como el primero no salió de Japón, se sacó de la manga esta versión para Europa en formato cartucho para la MSX2. Es el mismo argumento y casi lo mismo en general.

Compañías rivales de software, como la gran SEGA, no pueden quedarse atrás y lanza en 1986 el primer intento de hacerse con este incipiente gusto por lo vampírico: Ghost House, basado en al arcade SEGA del 82 Monster Bash. Lo curioso de este juego no es que pudiera imponerse a Castlevania, que no lo hizo, sino que hacía uso del Sega Card de la Master System, formato totalmente adelantado a su tiempo, aunque luego se tuvo que lanzar en el popular cartucho tras su fracaso (SEGA y sus inventos adelantados que fracasan y luego triunfan en otras marcas darían para una biblioteca entera). Es un juego resultón gráficamente, muy colorido, y que supone el inicio para algunos también del Survival Horror. Como sea, el interés está en su compositor, Hiroshi Kawaguchi, uno de los genios SEGA de la Edad de oro: Space Harrier, Alex Kidd: The Lost Stars, After Burner saga, Sonic The Hedgeogh, Virtua Fighter 3 o responsable de producir la música tanto de Yakuza 3 como de Yakuza 4

Diferente es The Astonishing Adventures of Mr. Weems and the She Vampires (RamJam, 1987), típica excentricidad de la época y que solo podía darse en los inicios del ocio inetractivo. Nuestro protagonista deberá luchar contra vampiresas usando nuestro crucifico y otras armas, especialmente nuestra pistola ajo. Eso en cuanto a sagas nuevas, puesto que lo esperado, la segunda entrega de un éxito, no se haría esperar: el lanzamiento de Castlevania II: Simon´s Quest (Konami, 1987). La segunda parte (en estas entradas sobre videojuegos de vampiros vais a hartaros de leer este nombre), gira más al estilo plataforma, sin olvidar los toques de rol. El género de moda, las plataformas, se hace notar. Para FDS y NES en el 89 una vez más. De nuevo asociado a Nintendo, volvió a cumplir con creces. La historia continúa directamente y sus gráficos inquietantes y terroríficos contribuían a su éxito. Un portadón remataba el conjunto.

Tras Haunted Castle (Konami, 1988), versión arcade-remake de las dos versiones del primer juego de Castlevania, un juegazo difícil como él solo, y cuyo pasquín publicitario tiene tela marinera, llegan Dracula in London (SDJ Enterprises, 1988), Night Hunter (Ubisoft, 1988-89) y, cómo no, otro Castlevania: Castlevania: The Adventure (Konami, 1989).

Los dos primeros tienen una vez más a nuestro vampiro favorito, Drácula, como protagonista. El primero tendría un remake en 1993 posteriormente, según VGMPF, pasando de 320×200 CGA de 4 colores a 640×470 VGA de 16 colores. El segundo, un juego aceptable para compatibles, tiene entre sus miembros, según Classicreload, a Patrick Daher, considerado el primer creador de un juego de terror, Zombi. En cuanto al tercero en liza, pues qué queréis que os digamos: es otro gran juego, la versión portátil de la superarchimegafamosa en su momento (y aún hoy) Game Boy. No es tan completo como las versiones “mayores”, eso sí, al no estar disponibles todas las armas y opciones, pero es una demostración del poder de la saga y de la portátil de Nintendo.

Los 90: las nuevas generaciones aparecen en la Edad de Oro de los videojuegos

¿A que no sabéis con qué juego arrancamos en los 90? Pues sí, lo que pensáis: con otro Castlevania, en este caso la tercera parte titulada Castlevania III: Dracula´s Curse (Konami, 1990). Exclusivo de NES, muy bueno gráficamente a pesar de ser para NES (la Master System, su gran rival, digan lo que digan, siempre fue superior) es, en realidad, cronológicamente hablando, el segundo, así como el juego en el que se basa la reciente serie de animación de Castlevania producida por Netflix. Como veis, la saga se había convertido en todo un símbolo de Nintendo por lo que, obviamente, no tardaría al año siguiente el salir una versión para la recién estrenada SNES: Super Castlevania IV (Konami, 1991). Con una banda sonora y unos gráficos que dejaron a todos con la boca abierta (nosotros lo vimos en su estreno en Europa al año siguiente posiblemente en un El Corte Inglés de nuestra ciudad y lo flipamos), y una portada, por cierto, sencillamente alucinante, fue un pelotazo que demostraba que la SNES jugaba en una liga muy distinta a las 8-bits. Le acompañó Castlevania II: Belmont´s Revenge (Konami, 1991), que pone el “II” en su título porque es la continuación de la saga… pero en Gameboy. Un cartucho con todo 1 mega, bien detallado en sus gráficos para ser la consola que es, pero cuyo protagonista pecaba de movimientos ortopédicos, la historia de siempre y apenas 1 hora de duración.

La saga, sin embargo, incombustible, continuaría y continuaría. Así, tenemos en 1993 Castlevania X68000 (Konami, 1993) y Castlevania X: Rondo of Blood (Konami, 1993), rompiendo las exclusividades de Nintendo. El primer juego para el ordenador X68000, que no salió de Japón, pues recordemos que era la época de los ordenadores híbridos PC+Consolas (como el de SEGA, llamado Amstrad Mega PC). Era por disquetes, en concreto dos, y su acabado es, como podéis imaginar, buenísimo. Sin embargo, terminaría saliendo para la flamante Playstation de SONY. El otro, Rondo of Blood, fue diseñado para la potente PC Engine, una consola carísima que fracasó fuera de Japón pero no en el país nipón, donde tuvo bastante éxito y recorrido, con este juego exclusivo hasta que, con la consola virtual de Nintendo, ha podido ser disfrutado en la Wii, entre otras.

Divertido e infantil es The Twisted Tales of Spike McFang (Bullet Proff Soft., Red Company, 1993), un juego de rol con unos gráficos coloridos maravillosos en la Super Nintendo, secuela del juego de TurboGrafx 16 Makai Prince Dorabotchan, realizados por los mismos en 1990 (pero este plataformas).

A partir de aquí, 1994 y 1997, va a ser la cumbre: Castlevania: Bloodlines, también conocido como Castlevania: The New Generation (Konami, 1994), Castlevania Legends (Konami, 1997) y, sobre todo, Castlevania: Symphony of the Night (Konami, 1997). El primero, para Megadrive, consola que arrasaba en Europa y América; el segundo, para la Game Boy, el aparato de entretenimiento electrónico más exitoso entonces de todos los tiempos y el tercero… ¡madre mía con el tercero! Symphony of the Night se convirtió, en Playstation, aunque también salió para Sega Saturn, en leyenda. Sí, era 2D, sí, era una secuela de Rondo of Blood, pero no se había visto y, sobre todo escuchado, nada igual. Con una banda sonora legendaria y una jugabilidad a prueba de bombas, es la cumbre de la saga, un estilo RPG con niveles de exploración, dificultad y plataformas copiado después hasta la saciedad. Más de 1 millón de copias le hicieron ver a Nintendo que debía recuperar la saga para sus consolas, y así lo hizo con su flamante Nintendo 64 y Castlevania 64 (Konami, 1999) y su secuela directa Castlevania: Legacy of Darkness (Konami, 1999), que prometían mostrar unos gráficos como solo la máquina de Nintendo estaba en condiciones de hacer, con escenarios completamente en 3D. En realidad era Castlevania, sin más en su título, pero la prensa y los fans le ponen la coletilla “64” para diferenciarlos de los demás de la saga del mismo nombre. Recibido excelentemente por la crítica, algunos después comenzaron a insultarlo por su curva de dificultad y por sus gráficos con algunos parajes desangelados. Sin embargo, conforme se avanza en el juego, la Nintendo 64 empieza a demostrar su capacidad y el combate se hace más agradable. Todo eso se intentó solucionar en la secuela, aunque, paradójicamente fue peor recibida. Contaba una historia alternativa y poseía mejoras, así como incluir Hombres Lobo en su argumento/enemigos, pero no fue suficiente. El 3D no le había sentado bien y la Nintendo 64 no vendía como lo estaba haciendo y lo iba a hacer la Playstation 2, así que Konami decidió apostar por SONY.

Con todo, antes de hablar de la nueva década, y porque no únicamente de vampiros de Castlevania vive el hombre, hemos de comentar otras incursiones en el género en esta década de los 90, así que nos vemos obligados a retroceder en la máquina del tiempo videojueguil.

Para empezar, en 1992 tenemos, para la Master System (y para Game Gear, cosa muy normal entonces) y para la Mega-CD (no solo para ella, pero su leyenda es en torno a esta plataforma), ambas de SEGA, dos juegos hoy ya de culto, sobre todo el segundo: hablamos de Vampire: Master of Darkness (SEGA, 1992) y Night Trap (Digital Picture, 1992). Master of Darkness era muy bueno en sus gráficos y ambientación, pero criticado por intentar ser una copia de Castlevania, entonces el referente de este tipo de juegos. Pero el segundo, aunque también criticado por su limitada jugabilidad, fue una producción de más de 1,5 millones de dólares rodeada de bombo y platillo que terminó por ser un éxito financiero, pero que incluyó retirada del juego, denuncias ante el Senado americano por banalizar, junto con Mortal Kombat, la violencia, así como creador de un debate público que terminó afectando al juego y a SEGA, y que demostró que, primero, Nintendo, lejos de la imagen familiar que proyecta, jugaba sucio (las denuncias fueron hechas por la gran N) y, segundo, los juegos con gráficos realistas (en este caso videos hechos con actores reales que contaban un ataque de una banda de vampiros contra desamparadas jovencitas), ya no eran para niños y que iban a empezar a chocar con la visión ñoña que la sociedad tenía de ellos. Sam Pettus, en su excelente libro aquí comentado SERVICES GAMES, Auge y caída de SEGA (Game Press, 2018), lo explica con todo detalle.

Pero el 13 de noviembre de 1992 se estrenaba la película Dracula de Bram Stoker, dirigida nada más y nada menos que por Francis Ford Coppola, por lo que poco después, Psygnogsis y Sony Imagesoft, que después sería la SONY que todos conocemos, presentarían el juego basado en la película: Bram Stoker´s Dracula (Psygnosis, Sony Imagesoft, 1993) en absolutamente todas las plataformas existentes en el momento (Amiga, DOS, Game Boy, Game Gear, Master System II, Mega Drive, Mega CD, NES, SNES). Y aunque las críticas fueron reguleras, como veis se pone de moda ya desde bien temprano en la historia de los videojuegos los juegos basados en blockbusters cinematográficos.

 

Cambiando de tema, ya sabéis que en este blog tenemos debilidad por las aventuras gráficas. En 1993 salían dos juegos del género (de las aventuras gráficas y de los vampiros, queremos decir), uno que mezclaba este género con sistema point&click y el RPG con visión isonométrica, muy parecido a lo que hacía el genial Sanitarium, de nombre Veil of Darkness (Event Horizons Software, 1993), y otro más en 3D y cyberpunk llamado Bloodnet (MicroProse, 1993), que demostraban la potencia de los PC y lo variado que podía ser el género vampírico.

Más originales son los juegos basados en animes/manga. Para empezar, tenemos la serie de juegos basados en el manga de Akira Toriyama Go! Go! Ackman. El manga fue acogido fríamente (poco original en el diseño y guión, pero con el atractivo dibujo típico del genio creador de Dr. Slump o Dragon Ball), pero sin embargo el éxito estaba asegurado siendo entonces Toriyama y su Dragon Ball (y hoy también, para qué nos vamos a engañar), un éxito brutal e incontestable a nivel mundial. De jugabilidad sencilla, los diseños coloridos de Toriyama y la potencia gráfica de Super Nintendo hicieron que saliera una trilogía muy bien vendida en los tres continentes: Go! Go! Ackman (Banpresto, 1994), Go! Go! Ackman 2 (Banpresto, 1995) y Go! Go! Ackman 3 (Banpresto, 1995). El manga todavía no llegaba a estas tierras y al verlo queríamos todos saber más (¡gracias, fanzines de aficionados, por vuestros esfuerzos ciclópeos en aquella época!).

Interesante es Gothos (Mindmeld Multimedia, 1997), sobre todo en esa época pesadita de las videoaventuras (pesadita para algunos) que inaugurara la Mega CD de SEGA, en la que encarnamos un vampiro buscando a los ancianos vampiros.

Otro juego basado en un anime fue Vampire Hunter D (Victor Interactive Software, 1999), aunque en realidad son una serie de novelas vampíricas, pero cuyo éxito no es por las novelas sino por el genial anime de 1985 de Toyoo Hashida (al que le debemos también otra pedazo de adaptación: la primera trama argumental del también comentado aquí La estrella del puño del Norte). Este juego, sin embargo, siendo 1999, salió antes de la continuación del anime, Vampire Hunter D: Bloodlust, que saldría en el 2000, 14 años ni más ni menos después que la primera adaptación anime, y se basa, como Bloodlust, en la segunda novela. Fue muy bien acogido por los fans, aunque no tanto por la crítica. Sin embargo, estaba hecho a la moda Playstation de entonces: fondos prerrenderizados y personajes poligonales 3D. Algo parecido a otro juego de vampiros, Countdown Vampires (Bandai, 1999), solo que este al estilo Survival Horror del Resident Evil de CAPCOM.

Como sea, y antes de despedirnos hasta la siguiente entrada y la siguiente década, la del 2000, queremos hablar, cómo no, de un juego que hemos dejado para hablar de él al final, el publicado en 1996 Blood Omen: Legacy of Kain (Crystal Dinamics, 1996), juego que va a iniciar la leyenda… y la saga del mismo nombre. Con un estilo al gran Diablo de Blizzard, desde el momento de su aparición supuso tal éxito que spin-off y continuaciones fueron cosa cantada. Es una de esas sagas que se han quedado, inexplicablemente, truncadas.

 

FIN PARTE I

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