Frank al rescate por Navidad

¡Todos en pie, a cuadrase! ¡Cuarta entrega de la saga Dead Rising, y en versión expandida (Frank´s Big Package)! Vuelve Frank West y vuelve para intentar resucitar una saga que, tras la obra maestra de su primera entrega y su notable segunda entrega, inclusive agradable añadidos, estaba desde la tercera entrega en cuesta abajo y sin frenos. Vuelve Frank por Navidad seis años después a este blog.

Sí. Dead Rising, ya legendario, dejó en pelotas hace ya más de una década a varios medios especializados que no supieron ver lo revolucionario del mismo. CAPCOM empezaba fuerte y Microsoft y Xbox 360 también. Luego vendrían los juegos arcades y la posibilidad de que, en cada juego numerado de la saga, tuviera un protagonista: Dead Rising 2, Dead Rising 3 (al que nuestro PC se niega arrancar) y ahora Dead Rising 4, en esta ocasión la versión Playstation 4 que está ampliada. Vende, pero cada vez menos (excepto en las plataformas de Xbox, por cierto, ya que esta es una saga asociada a la consola de Microsoft), y la crítica también va hacia abajo.  En este blog hemos hablado, desde nuestra creación, de Dead Rising: Case Zero, Dead Rising 2, Dead Rising 2: Case West y Dead Rising 2: Off the Record. Casi nada. El problema es que su tercera entrega, exclusiva, pues pretendía rememorar los días de gloria del inicio de la 360, salió para una plataforma que, por H o por B, no arrancó, esto es, la Xbox One.

El argumento nos trae de vuelta a Frank West y su inseparable cámara, llevándolo, también de vuelta, a Willamette, con su mítico centro comercial y su pueblo (es decir, es la primera vez que se repite protagonista). En este pueblo Frank tendrá que investigar las correrías de una de sus discípulas, Vick, que parece que está colaborando con fuerzas militares y ciertas investigaciones secretas (y que han dejado a Willamette con un brote zombi desde hace seis semanas). El argumento no es gran cosa, una excusa para dar hostias a los muertos vivientes, aunque avanza un poco más en esta idea de la saga de la conspiración. Además, que ocurra en época navideña, con sus adornos, sombreritos y música, le da un toque genial, surrealista y muy bueno.

Como juego, como juego original, tiene un pase; sería, para que nos entendiéramos, una genialidad, una frikada inesperada, un soplo de aire fresco. El problema es que no lo es, copiando descaradamente el primer juego y saliéndole el tiro por la culata. No os confundáis: la genial fórmula iniciada en 2006 funciona, sigue funcionando, y es divertida y entretenida hasta decir basta. Pero todo lo que hizo grande a la primera parte aquí no se ha incluido, incluyendo pasos hacia atrás en su jugabilidad (que excepto el exotraje, del que ahora os hablaremos, no aporta nada visto en sus dos primeras partes) y también en el aspecto audiovisual (no es que no se vea mejor, lógicamente, sino otros detalles, ahora os contamos).

Si en Dead Rising 2: Off the Record teníamos un modo extra que consistía en que no hubiera cuenta atrás… aquí es permanente. Esta decisión inexplicable quita al juego de toda la tensión, de todo el miedo a precipitarse, la bulla, la posibilidad de que debes rejugarlo porque te has perdido algo. Era el mítico cronómetro, todo el santo juego pendiente de la hora (en la primera parte, para rescatar o esperar al rescate; en la segunda, para darle zombrex a nuestra hija y que no se transformara en zombi). Si a eso le unimos que ya no somos interrumpidos por psicópatas con esos videos inesperados que te daban un vuelco al corazón, se pierden esos elementos que hicieron único al juego. Por suerte sobreviven los supervivientes, valga la redundancia, y la inclusión de refugios, el mantenimiento de la mezcla de armas (gran incorporación de su segunda entrega) y el pueblo semi abierto de Willamette al estilo de la tercera parte (o de Case Zero), que nos hace escapar del centro comercial y le dan ese toque tan de hoy (sin ser sandbox, por suerte), unido al exotraje (que nos convierte en un superhéroe) o la vuelta de tuerca de la cámara (con la posibilidad de investigar con ella, analizar e incluso ver con visión nocturna), mantienen al juego todavía con interés.

Lo que os decíamos de los gráficos: si en la versión primera de 2006 teníamos cientos de zombis en pantalla demostrando el poderío de la 360, aquí también, pero ahora han desaparecido cientos de objetos, ciertas físicas, reacción de los zombis e incluso animaciones o efectos de reflejo y partículas. No se entiende, de verdad, no se entiende. Eso no significa que no luzca bien en muchos aspectos, sobre todo en la recreación de ambientes y escenarios, lo mejor de siempre de la saga, pero en el aspecto lumínico o de lo anteriormente contado, es normalito. Por suerte, las ralentizaciones que de vez en cuando había, no las hay. La música y el doblaje es otro cantar: gran calidad e incluso originalidad, con esa voz parteculo de Frank West y la música de jazz y clásica navideña.

En cuanto al online nosotros no lo hemos probado, pero muchos expertos dicen que por ahí puede haber futuro para la saga, con misiones contrarreloj, objetivos y cooperativo.

Esta versión PlayStation 4 se subtitula “Frank´s Big Package”, que incluye todos los extras, incluyendo trajes CAPCOM y algunas pequeñas misiones muy tontas, aunque otras originales (Frank West… convertido en zombi). Un añadido para compensar el año de retraso con respecto a la versión Xbox One.

En definitiva, agradable juego, sí, porque sigue entreteniendo y está muy bien ambientado. El problema es que Frank se ha convertido en un bufón (siempre fue humorístico, pero sin caer en parodia exagerada), y cuando da un paso jugable (detallitos como la cámara y sus modos, etc.), da otros dos hacia atrás (peor jugabilidad e incluso potencia gráfica, guión casi nulo). Si lo podéis conseguir a buen precio o sois seguidores de la saga, seguro os gusta incluido sus fallos. Si no sois fans o nunca habéis jugado, quizá no entendáis el porqué hay tantos aficionados a esta saga, en cuyo caso os aconsejaríamos que jugarais a su primera entrega, todavía fresca y divertida, y ahí reconoceréis un juego legendario, avanzado a su tiempo y con el sello CAPCOM en todo su esplendor. Y firmado por Keiji Inafune, el creador de Onimusha o Resident Evil. Casi nada.

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EJEMPLO DE GAMEPLAY

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