Terror en el espacio (I)

ejmkwr1jafwywvn7fv1dVamos a comentaros ahora una serie de películas cuyo tema gira en torno al Terror en el espacio. Este subgénero es muy complicado de ver, apenas se dejaba en la serie B o en las novelas baratas, pero cuyas muestras creemos interesantes de comentar, de hecho hay por ahí joyas poco conocidas cuando no directamente obras maestras (y alguna que otra mediocridad también, claro). Haremos hincapié tanto en las que traten el tema en sí y por sí o, en su defecto, lo toquen dentro de su trama aunque sea de manera más intuida.

Efectivamente, este tema, cada vez más desarrollado en nuevos títulos tanto literarios como cinematográficos (aunque todavía con cuentagotas), es un tema apasionante que, además, casa muy bien con eso del espacio, el universo oscuro, otras razas, etc. En nuestra opinión, quien abre esto aunque sea de cierta manera implícita es 2001: Una odisea del espacio, pero queremos primero enseñaros una trilogía que compila todo esto de manera, creemos, muy interesante.

Alien, el octavo pasajero (Ridley Scott, 1979)

Alien posterDe esta película ya os hablamos en su momento, incluyendo su saga entera, de ahí que sea la entrada más extensa. Sin embargo queremos destacar sólo esta primera entrega ahora mismo, pues fue la pionera que pone los estándares para el resto y para otras películas de corte parecido.

Todos los epítetos se han utilizado para definirla: misteriosa, terrorífica, vanguardista, genial, mítica, inolvidable, espectacular… Pero sólo hace falta uno para definirla: obra maestra. En una época en la que el “Cine de palomitas” estaba incipiente, en la que los carteles y los fotogramas en las puertas de los cines y el ir al mismo con los amigos empezaba a ser un ritual, en los que el boca a boca era la mejor publicidad, Alien se adelantaba al resto. Una película excelente que no descuidaba la recaudación. Los Spielberg, los Cameron, los Zemeckis, los Lucas… de los que tanto hay que aprender para saber de qué va este negocio volvían a marcar el camino, en este caso por un pionero, Ridley Scott. Alien destaca por su diseño artístico y efectos (consiguiendo un Oscar ese año el equipo y Griger, su diseñador), pero ante todo por una dirección (el comienzo hasta el despertar sigue siendo una lección de cine) y fotografía prodigiosas. Formando parte de su “trilogía de las luces” (Alien, Blade Runner y Legend, casi “ná”), Scott no creaba películas, creaba películas de culto, referencias, creaciones que no volvería a superar nunca ya el director ni incluso cuando le llegaran los premios en Gladiator. Claro que contar con una experiencia propia como diseñador artístico y con las ayudas inestimables de un Griger, un Moebius (sí, habéis leído bien) o un Syd Mead, unido a su talento innato, nos muestran unas obras complejas en lo artístico como, desgraciadamente, ahora no se ven, con estos diseños surgidos de una Wacom fría y tristona.

La película trata sobre la Nostromo, una nave comercial que transporta materiales por el espacio. La tripulación, hibernada para poder recorrer las grandes distancias espaciales, es despertada cuando una baliza de S.O.S desde un planeta desconocido los despierta. Obligados por contrato a socorrerlos, llegarán a un planeta donde una nave de aparente origen extraterrestre está estrellada. Dentro, unos extraños huevos transportan unos espécimen que atacan a uno de los miembros. De vuelta a la nave con el herido, no saben que transportan incubado un peligroso alien que es una perfecta máquina de matar.

La película arrasó en taquilla y, a día de hoy, sigue siendo una fuente de ingresos cuasi inagotable para Fox. No sólo por el film, que sigue recaudando sin parar, sino que además creó un mundo a su alrededor: cómics, BSO, videojuegos para aburrir, muñecos, pósters, Láser Disc (un conocido mío los tenía), Beta, VHD, DVD, Blu-Ray… Sigourney Weaver, la teniente Ripley en la película, con su rostro anguloso y extraño, su manera de encarar los problemas y el ver casi por primera vez una mujer heroína con dos cojones más grandes que el caballo de Espartero, se convirtió de la mañana a la noche en una superestrella solicitadísima. Su director, al igual que ella entonces desconocido, también fue catapultado, pero sucesivos fracasos de taquilla (que no de crítica, posteriormente serían resucitadas hasta ser otra fuente de ingresos para la Warner esencial), tales como Blade Runner o Legend, le impidieron el continuar la saga en la segunda parte, dada al incipiente y exitoso director de Terminator, James Cameron. No obstante, se convirtieron ellos dos en exclusiva (los demás no pasaron después más que de ser secundarios a excepción del científico, conocido por los más jóvenes del lugar por ser el Bilbo de la trilogía de El señor de los anillos), en unos referentes populares.

Jerry Goldsmith, ya fallecido, alumno de Miklos Rosza (compositor de, entre otras, la banda sonora de Ben-hur), también se lució. Su banda sonora, a lo Psicosis de Hitchcock (John Williams utilizaría este concepto de música-ruido para otra inolvidable de la época, Tiburón, de Steven Spielberg), sin tener ninguna melodía para tararear, consiguió contribuir al terror de manera original (recordemos que 2001: Una odisea del espacio usa música contemporánea de Ligety para la atmósfera de terror), y a partir de ahí siguió cosechando éxitos en cualquier superproducción (ojo, que anteriormente ya había trabajado en El planeta de los simios, Star Trek: La película, La fuga de Logan, Capricornio Uno, Papillon, Patton, Río Lobo, La profecía, Tora! Tora! Tora!… pero es que después vendrían este Alien, Atmósfera Cero, Rambo: Acorralado, las secuelas de Star Trek y Rambo, Desafío Total… Uff, en cualquiera inimaginable, incluso las que no eran a priori para él –City Hall–, está presente).

Una obra maestra sin paliativos, una de nuestras favoritas de ciencia ficción de todos los tiempos.

Horizonte final (Paul W. S. Anderson, 1997)

horizonte-final-pelicula-1997Ciertamente, este director no llamaba a las mejores emociones y la expectativa no era alta. Es verdad, que a su modo, tiene su estilo y sello personal, con ese tono entre mierder y sofisticado, entre serie B y superproducción, que le viene como anillo al dedo a ciertas películas. Recordadas, en toda la extensión de la palabra, son películas suyas como Mortal Kombat, Alien vs Predator o la saga Residet Evil. Y ha trabajado con guionistas como Peoples, el de Blade Runner, etc. No hay que confundirlo con Paul Thomas Anderson, director de obras maestras como Pozos de ambición, etc. Son como la noche y el día, aunque no estamos ante un tuercebotas, ¿eh?

El guión es obra de Philip Eisner (que hizo el guión de la TV Movie Ojos de fuego 2… sí, es la segunda parte de la película basada en la novela de Stephen King), y se vendió como un “El resplandor en el espacio”, pero lo verdaderamente interesante es que fue reescrito por Andrew Kevin Walker, autor de Seven, esa obra maestra del cine negro dirigida por David Fincher (que, casualmente, también está enlazado con el terror en el espacio en Alien 3). La historia cuenta cómo un científico ha creado una especie de nuevo y enigmático combustible y una de esas naves se ha “escacharrado” y no reciben respuesta. Una nave irá a investigar con el propio científico y todo comenzará a liarse…

Según se dice, se cuenta y se rumorea, la película era una épica película de más de dos horas con momentos gore total pero que a los “muyayos” de la Paramount no gustó por este motivo y se tuvo que recortar. Walker también escribió un guión de la releche de gore en Seven, y al parecer aquí también se le fue la manita. Hubiera estado interesante, aunque versiones estrenadas en DVD han emitido lo poco que no se ha perdido. Fue un estampado en taquilla y en crítica, pero el tiempo la ha puesto en su sitio, la crítica se la ha envainado (la supuesta crítica… algún día hablaremos sobre qué se entiende por crítica) y cada año que pasa se convierte en un título más de culto.

El reparto es muy bueno, cuyo eje está centrado en dos tipos de gran fama por la época: Lawrence Fishburne, que estaba a punto de rodar la genial The Matrix y Sam Neill, cuya fama provenía a nivel internacional de su papel estelar en la no menos genial Parque Jurásico cuatro años atrás (parece mentira cómo había cambiado sin llegar a un lustro todavía, era como un infinito). Sobre ellos gira la trama, bueno-malo-malo-bueno, etc. Los secundarios también están muy bien, pero no queremos enrollarnos tanto como en la anterior y destacaros a la actriz Kathleen Quinlan, nominada al Oscar por Apolo 13 (¡qué casualidad!) y cuyo debut oficial fue en American Graffitti de George Lucas, aquella estupenda película que dio el paso a tantos jóvenes del nuevo Hollywood palomitero y que nos muestra con nostalgia que, ¡ay!, George también sabía dirigir personas y no sólo efectos digitales.

La música, no especialmente inolvidable pero contribuyente al ambiente, es obra de Michael Kamen, un clásico de esto de las bandas sonoras, también del grupo británico Orbital (cuyo trabajo fue bien valorado por sus seguidores) e incluso encontramos a The Prodigy en los créditos.

Y poco más, muy buena producción, con efectos que retrotraen a lo mejor del género, esto es, sin abuso de lo digital y usando los escenarios con esmero, rodada muy minuciosa y acertadamente, con momentos Kubrick total y un tema apasionante vinculado a su título. En nuestra opinión un título genial de ciencia ficción y terror totalmente válido, una película que ha mejorado mucho con el tiempo y que es una de nuestras favoritas de ciencia ficción de siempre aunque tenga sus fallos.

Pandorum (Christian Alvart, 2009)

pandorum-webSi hay una película con los requisitos claros de terror en el espacio, es esta película. No porque las demás no tengan esa intención, sino porque aunque la película es del 2009 pretendía ofrecer ciertas propuestas de un cine anterior. Efectivamente, llama la atención sus escenarios más manuales que digitales (de hecho, lo digital no le sienta bien), su reparto de “tripulación”, su ambientación y cuidada puesta en escena… Desgraciadamente no acaba de cuajar, y se queda en una simple entretenida y apreciable película, curiosa, que parece (en el buen sentido) haber sido rodada diez años atrás y nada más. Pero tampoco menos. Pareciese como si o todo fuera una obra maestra o no vale. Tampoco es eso. Ha salido hace poco en Blu-Ray, con una apreciable calidad de imagen y una gran portada por cierto, y hemos aprovechado para revisitarla.

Producida por Paul W. S. Anderson, pareciera que este director querría volver a lamerse las heridas de la superior Horizonte final. No obstante, la película adolece de ser más blanda y tener menor gore que la anterior y vuelve a estamparse en taquilla.  El guión está escrito por el propio Alvart y por Travis Milloy.  El primero, alemán, es director de apreciables títulos de terror como Expediente 39 y otros thriller (y que está escribiendo el guión de la futura frikada Captain Future), mientras el segundo es también director y guionista de este tipo de películas de acción y tal, todavía con un recorrido muy, muy corto en el mundillo y que estrena film este año. Con estos mimbres, podemos apreciar aún más a estos dos novatos manejando una producción cara y de temática difícil de solventar. Y si bien es fallida en cuanto a su concepción, digamos, global, no lo es en cuento a que no deja de ser un buen trabajo, que es algo que alguien puede opinar que es lo mínimo que se puede esperar, pero que no es tan fácil en realidad. No salir despellejado de según qué productos en Hollywood puede ser una victoria.

La película gira en torno a una nave espacial que debe llevar a una serie de humanos a otro planeta que se ha encontrado y que es muy parecido a la Tierra. Allí, estos humanos serán los pioneros del trasvase en masa de toda la humanidad (el planeta está hecho una pocilga en la que no se puede vivir). Unos soldados, que estaban dormidos para hacer este larguísimo trayecto, despiertan y descubren que la nave se ha desviado y que unas criaturas se han introducido en la nave. Como veis, una historia interesante que deviene, como no podía ser de otra manera, en giros y más giros, encabezada por algunos actores conocidos: Dennis Quaid (que estaba lejos de su época de pura fama a finales de los 90 principios del 2000), Ben Foster (actor conocido hoy por hacer de Medivh en Warcraft, pero cuyo rostro es de esos que te dices a ti mismo «este tío me suena») y la alemana Antje Traue (una de las que vino a la Tierra a intentar joder a Superman en Man of Steel). Como anécdota decir que sale de pasada el famoso actor Norman Reedus (The Walking Dead), tan anécdota que su aparición es así, brevísima.

Poco más. De verdad que es interesante, cosa extraña y que no se destila, película moderna de ciencia ficción, género un tanto olvidado y con escasez de títulos que despunten.

Y nada más, aquí nos despedimos. Hay más películas de este estilo que os comentaremos más adelante en otros post… si tenemos ganas, claro.

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