Karate Kid Saga Parte I

Karate-KidAmigos que tenéis la paciencia de leer este vuestro blog de frikadas: estamos que lo tiramos en cine. Si hace poco os hablábamos de la saga Terminator y casi sin dejaros respirar de tiros y explosiones os comentábamos la saga The Matrix, ahora le toca el turno de nuevo al pasado reciente para hablaros de una saga clásica del mejor Cine de palomitas. Pasen y vean la saga Karate Kid, saga con el recuerdo imborrable de Daniel-san y el señor Miyagi.

Vamos a repasar las cinco películas de la saga. Recordad, antes de empezar, que en este blog siempre vemos las películas en versión original subtitulada y en la mejor calidad posible, en este caso Blu-ray, así que si hay alguna palabra o término diferente al que recordáis, puede ser debido a esto.

Empezamos.

Karate Kid, el momento de la verdad (John G. Avildsen, 1984, EEUU, Color)

karate_kid_xlgHubo un tiempo, no tan lejano, donde las películas juveniles eran eso, para jóvenes. Donde los protagonistas no pretendían salvar al mundo, donde la fotografía no era en colores pálidos y donde sus protagonistas no tenían problemas emo existenciales. Había un tiempo donde los directores y guionistas ponían a jóvenes en situaciones, de acuerdo, inverosímiles para el resto, pero creíbles, y que aunque tú fueras de un país lejano y no tuvieras taquilla en el instituto, ni campus, ni baile de graduación, te sentías identificado con ese chaval imberbe y que era insultado por los más gamberros. Querías, al salir del cine, no vestirte de superhéroe ni intentar manejar un arco mientras hacías un extraño símbolo con tu dedo, sino comentar con tus amigos del sábado por la tarde que te habían acompañado al cine si ellos también se iban a apuntar a kárate para hacer el salto de la grulla. Esto, señoras y señores, es algo que Hollywood, antaño factoría de sueños e historias, parece haber olvidado. Que el cine, como todo arte, no es la realidad, y que incluso el que más lo parece puede atraer a jóvenes al cine interesados no solamente en verle el culo a la protagonista de turno o a ver cuántos edificios se destrozan por minuto.

Karate Kid es de sobras conocida: la historia de un muchacho, Daniel, aficionado a las artes marciales, que se muda a otra ciudad con su madre tras el fallecimiento de su padre, y allí se enamora con tan mala suerte de quien es la ex novia del chulito de turno, un gran practicante de kárate. He aquí que en uno de los intentos de paliza es salvado por su excéntrico conserje de su bloque de viviendas, el simpar Miyagi, que resulta ser a la postre un antiguo militar y experto en kárate japonés (aunque en la película él repite ser de Okinawa, no de Japón, por ser esta una región donde abundan independentistas). Para evitar que lo vuelvan a linchar, el señor Miyagi entrenará a Daniel para presentarlo al torneo por el que deberá luchar contra el niñato macarra de la escuela de kárate cuyo profesor es casi tan macarra como él, alejado del verdadero espíritu del kárate. La historia la conocemos, o deberíamos, si nos consideramos cinéfilos. Lo que quizá no muchos sepan es quién dirige esta película: John G. Avildsen. Efectivamente, es el director de Rocky, joya de los setenta, que catapultó a Stallone y a su director, que se alzó con el Oscar. Como vemos, a Avildsen, eso de deportistas fracasados que acaban esforzándose ya no por ganar sino por competir, le gusta un rato largo. Y la verdad sea dicha, la película es maravillosa en el plano técnico, y cuya mano del director de oficio se nota. Para algunos críticos, incluso Karate Kid, por su concepción ingenua pero llena de matices (la pelea final es solo la última parte de la película, lo que interesa aquí es la relación maestro-alumno), podría ser su mejor película. Haber sido asistente de dirección de Arthur Penn o de Otto Preminger suponemos que es como doctorarse.

El reparto está cuidadosamente escogido y funciona a la perfección. Muchas veces se dice, no sin motivos, que EEUU está a la cabeza de la industria (y del propio arte cinematográfico por su perfecto equilibrio negocio-popular-calidad por mucho que diga algún que otro iluminado) por sus altos presupuestos que les posibilitan alta publicidad y efectos visuales acordes a lo esperado. Y es así, claro. Pero el alto presupuesto también se aprecia en otros detalles que suelen pasar desapercibidos. Y entre esos desapercibidos está la elección de actores, el llamado casting. Claro que las estrellas no la suelen pasar muchas veces, es más un duelo agentes-productores que otra cosa, pero un porcentaje importante sí. Incluso el que un actor estrella sea aceptado o rechazado es a su modo una selección. Destaca aquí, por tanto, el dueto protagonista: Ralph Macchio (trilogía Karate Kid, Mi primo Vinny) da vida a Daniel, mientras que “Pat” Morita da vida al señor Miyagi (que no es japonés sino de California, pero sí sus padres). El gran descubrimiento, sin duda, es este actor veterano, famoso por la serie SMASH (más de una década en antena y más de 100 millones de espectadores vieron su capítulo final solo en EEUU), y que en realidad era licenciado en aeronáutica y cómico. Por este papel fue nominado al Oscar como mejor actor de reparto, aunque no lo ganó (curiosamente lo ganó otro oriental, el médico y actor Haing S. Ngor, por Los gritos del silencio). Hoy “Pat” Morita, que escogió su sobrenombre por un médico católico con el que entabló amistad cuando niño por sus problemas de salud, es recordado como uno de los grandes maestros de la historia del cine, como un profesor que escucha, que te manda por tu bien, que no solo trasmite conocimientos sino también valores, respeto y disciplina. Es un personaje de esos que los actores agradecen, y al que Morita supo aportar los tópicos del maestro oriental, de acuerdo, pero también una humanidad y un pasado, una figura paterna, algo que ya veréis los que nunca la hayáis visto. Pero Ralph también está muy bien como el joven imberbe que viene a trasladarse a una nueva ciudad, siempre optimista, amante del kárate (esta película lo popularizó hasta límites insospechados: lo oriental estaba de moda) y que ve en Miyagi a ese padre que perdió hace poco, un modelo al que seguir.

Pero no es la única cara conocida del film. Así, la novia del joven Daniel-san es Elizabeth Shue. ¿Qué quién es Elizabeth Shue? Pues nada más y nada menos que la novia de Marty, es decir, Michael J. Fox en la trilogía de Regreso al futuro (Robert Zemeckis). Se ve que la muchacha está condenada a ser la deseada de los chulos y los aparentemente frikis del insti han de salvarla de sus garras siempre.

El guionista es Robert Mark Kamen, el mismo guionista y responsable de screenplay de películas como Gladiator, de la trilogía Transporter, El quinto elemento, de la también trilogía Venganza, El beso del dragón, Colombiana y demás frikadas de palos y acción. La música es de Bill Conti, que acompaña a Avildsen en muchas de sus películas (sin ir más lejos la saga Rocky), que se llevó el Oscar por esa epopeya de tres horas titulada Elegidos para la gloria, pero que debía de haberse llevado un par más (por la banda sonora de Rocky y por la canción “For Your Eyes Only” de James Bond: solo para tus ojos). Mezcla de ritmos de la época con tonos orientales, es todo un acierto que ambienta y es el complemento perfecto de lo que vemos en pantalla. Una gran partitura.

En definitiva, recomendadísima película, con virtudes actorales y cinematográficas, un icono del Cine de palomitas ochentero.

El Blu-ray tiene una gran calidad de imagen, con unas escenas tanto exteriores como interiores a la misma altura. Se mantiene el aspect ratio 1.85:1 original a 1080p. Las texturas, sobre todo la de los uniformes, resalta, con buenos contrastes y unos colores, en su mayoría, naturales. El sonido también raya a gran altura, con un remozado aspecto DTS-HD MA 5.1 prístino, un gran trabajo de SONY.

Karate Kid II, la historia continúa (John G. Avildsen, 1986, EEUU, Color)

KaratekidIIDos años después, y ante el exitazo morrocotudo de crítica y público, el amigo Avildsen vuelve a ponerse a los mandos de la segunda entrega. Como ya hiciera con Rocky II, continua exactamente en donde se quedó, incluyendo un resumen en los créditos iniciales para que el público se ubique. Es verdad que se aprecia que Ralph ha crecido, muy espigado, pero da muy bien todo el pego. Si en la primera entrega teníamos a Daniel como prota, aquí se devuelve y cae en manos de Miyagi. Efectivamente, Miyagi recibe una carta ante la proximidad de la muerte de su padre, quien fuera maestro suyo, en Okinawa. El problema es que allí dejó a un antiguo amigo, enamorados de la misma mujer, que juró que lo mataría si volvía a pisar Japón. Esta es la excusa para ahora ver el otro punto de vista, por así decirlo, Japón y la base de Okinawa (recordemos: la casa de repuestos de Asia, como se conoce a esa base militar), así como paisajes muy diferentes a los de la primera entrega: el pueblecito de pescadores de Miyagi y la cercana y abarrotada ciudad repleta de extranjeros y locales. Es de suponer, ¿verdad? Miyagi habrá de enfrentarse a su antiguo compañeros, y Daniel al rebelde alumno de este. Es una excusa a los fans, que querían saber más de ese hombre de aspecto extraño y filosofía/refranes diferentes de nombre señor Miyagi.

El reparto es el mismo, excepto la no aparición por ningún lado de Elizabeth Shue y otros secundarios. No son conocidos para el gran público español u occidental, y muchos actuaron en cine independiente, televisión, etc. Destacamos a Yuji Okumoto, el alumno de Sato en la película. Ha participado en muchas películas, e incluso doblajes anime. O algunas actrices como Nobu McCarthy (canadiense que hace de japonesa, fíjate tú qué cosas) o de Tamlyn Tomita, la joven de la que se enamora Daniel y que debutó en este papel y ha seguido teniendo una carrera en el cine y la TV (era bailarina y cantante, y se nota en la película, donde nos muestra también su arte). En definitiva, un apoyo de actores para dar mayor credibilidad, lógicamente, de que estamos en Okinawa, y que no es del todo creíble si no es por los rasgos asiáticos o cuando se acercan a la ciudad, claro está. Son las trampas, las mentiras del cine, y que tanto nos gustan que nos hagan en este medio.

La música, el guión, etc., son de los mismos, pues ya os decimos que la saga continúa en su más amplio sentido de la palabra y no vamos a enrollarnos más.

Y poco más. Es cierto que es inferior a la primera parte, un clásico del género, pero continúa decentemente los acontecimientos de la primera y nos enteramos de algo más de la vida y milagros del señor Miyagi quien, obvia decirlo, se convirtió en el verdadero protagonista de la saga.

El Blu-ray es indistinguible en calidad a su anterior parte, está también con un aspect ratio 1.85:1 original a 1080p, poco grano y no excesivo detalle en la resolución de la imagen, destacando especialmente las escenas diurnas, pues en las nocturnas cae un poquitín. El sonido, tres cuartos de lo mismo: DTS-HD MA 5.1 disfrutable y sin problemas, quizá milimétricamente inferior al de su primera parte (aunque esto más bien para sibaritas y tiquismiquis).

Karate Kid III. El desafío final (John G. Avildsen, 1989, EEUU, Color)

MPW-57514Imaginaros el éxito de la saga. Tercera entrega en cinco años, como si fuera un El señor de los anillos o un Star Wars cualquiera. Y volvemos a la tranquilidad. Es esta una parte sin pretensiones, con sus malos malísimos y demás, pero muy relajada, muy de nuevo cercana, en el barrio, y tan entretenida como solo el cine ochentero sabía hacer.

Comienza, una vez más, con un resumen de la saga, y continua exactamente por donde terminó la otra, con Daniel y Miyagi apareciendo por el aeropuerto de Los Ángeles en la puerta de llegada. El edificio de apartamentos donde vivían está siendo demolido, por lo que Miyagi ha perdido su trabajo y desea jubilarse. A Daniel se le ocurre que podría dedicarse al negocio de los bonsáis y abren una tienda. Lo que no saben es que Kreese (el malo de la primera parte), ha vuelto, esta vez aliado a un antiguo amigo de Vietnam también profesor de kárate. Ambos intentarán vengarse de Daniel y Miyagi con un plan que aquí no vamos a desvelar para no estropearos el visionado a los que no la hayáis visto todavía.

El reparto protagonista es el mismo, obvio, al cual se le unen de nuevo Martin Kove como Kreese (actor que, por cierto, no ha parado de trabajar nunca, con una papel en Rambo: Acorralado Parte II como curiosidad para los cinéfilos), Thomas Ian Griffith como el otro malo (actor, también guionista de la serie de TV Grimm, que ha aparecido en muchas menos películas que Martin Kove, pero con algunas de esas de acción de los 80 en los que era el protagonistas total –carátula con su cara incluida–, así como una TV Movie, como curiosidad cinéfila, en la que hacía de… ¡Rock Hudson!) y la nueva chica de Daniel, que en todas las partes se liga a alguna (aunque en esta es más bien una amistad): Robyn Lively, famosa por aparecer en un montón de series y en algunas películas para adolescentes de los 80 y que, además, tiene toda la puñetera cara (y voz) de Kate Mara, aunque no le toca nada.

Es una apreciable película, sin pretensiones, agotada ya la fórmula pero todavía con interesantes coletazos (no, no lo decimos por la coleta ochentera del malo malísimo), como la toma desde el aire en la montaña mientras practican. Tiene momentos de violencia que da el malo y un punto de alumno rebelde que se podía haber explotado más. Ingenua y sencilla, supone el fin de la trilogía original, inolvidable saga de muchas infancias y pequeña excentricidad del Cine de palomitas.

Una vez más, aspect ratio 1:85:1 original con sonido DTS-HD MA 5.1, una calidad más que decente, con unos interiores y exteriores bien conseguidos, siempre mejor diurno, pero que en nuestra opinión, como pasaba con la aquí comentada hace poco saga The Matrix Trilogía + Animatrix, no supera, al igual que tampoco lo hace su segunda parte, la primera película en calidad de imagen.

Próximamente el resto de la saga y algún que otro “extra”.

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