Confusión total

50d5414b_Lightning-Returns-Final-Fantasy-XIII-Jump-Festa-Screenshot-3Lo hemos titulado así porque verdaderamente es la palabra, más bien sentencia, que nos ha venido a la mente tanto por esta entrega como por la saga en sí. Por tanto, este Lightning Returns: Final Fantasy XIII termina la trilogía de nueva generación de un Final Fantasy de manera verdaderamente extraña sobre el camino seguido y a seguir por Square-Enix.

Empezábamos esta trilogía bautizada como Fabula Nova Crystallis por parte de Square-Enix con Final Fantasy XIII en el 2009 (2010 para el resto del mundo). Las noticias eran buenas, además, puesto que 360 recibiría además su versión. Independientemente de que la adaptación no fue muy buena, ese no era el problema. El problema era que, y a pesar de que era por turnos y traía tímidas invocaciones, los grandes fans no reconocían, una vez más, a “su” Final Fantasy. No obstante, aquí había un problema añadido: si bien es cierto que Final Fantasy XII no era un Final al uso, al menos era un juegazo, un dignísimo sucesor espiritual de Vagrant Story y una obra magnífica del género. Pero este FFXIII, sin ser un mal juego ni mucho menos, era simplemente un juego bueno, notable incluso, pero que ahí quedaba: nulas secundarias, historia confusa, sistema de combate extraño, lineal a muerte… Pero hete aquí que la cosa no acababa. Un par de años después (2011 en Japón, 2012 en el resto) aparecía Final Fantasy XIII-2. Y era un muy buen juego. O al menos un juego agradable. Tenía todo lo que le faltaba al anterior: más exploración, secundarias, mejor sistema de juego… Por supuesto, todos traían buenos gráficos, música, doblaje y otras chucherías más que tanto nos gustan a los videojugadores. Aunque ahora le faltaban cosas que al otro le sobraba, como duración, más personajes o localizaciones.

Y ahora llega esta tercera entrega de la decimotercera entrega en 2014. Y de nuevo, otro giro, tanto jugable como de planteamiento. Y de nuevo trae cosas que a los otros les faltaba: secundarias más creíbles, desplazamientos en ciudades abiertas, mayor velocidad de batalla… pero de nuevo le faltan cosas que a los otros sobraba: secundarios, sistema de batalla más claro, más duración, historia mejor realizada… Por tanto, es evidente, Final Fantasy XIII hubiese sido una obra maestra absoluta si hubieran estado todos estos ingredientes juntos y no por separado. Y es lo que no se entiende ni se entenderá. Y si bien es cierto que cada uno en su negocio hace lo que considera oportuno para aumentar las ventas, nunca hay que olvidar las dos reglas de oro: la legalidad y la lógica del mercado. Y si bien de lo primero, por supuesto, van sobrados, de lo segundo no estamos tan seguros.

La historia de este Lightning Returns: FFXIII se central en Lightning, protagonista absoluta y único personaje controlable en todo el juego. Lightning se ha convertido en una heraldo de Bezhevel (o algo así xD), un Dios, y es la encargada como redentora de la humanidad de recopilar almas para entregárselas a dicho Dios, Dios que destruirá el mundo en unos pocos días (las almas entregadas irán a una especie de mundo nuevo). Esta historia pasa 500 años después de los acontecimientos contados en las dos anteriores partes (de hecho ya se jugaba con el tiempo en la segunda parte), pero hemos de decir que es confusa hasta decir basta. Los que hemos jugado a las anteriores partes no nos enteramos de nada, de verdad, más si es la primera vez que juegas a este juego. Un caos incomprensible al que tampoco ayuda que cada parte continúa la historia con juegos dos años posteriores a los anteriores (en dos años se olvidan muchas cosas). Un video resumen hubiera ayudado y mucho en plan Yakuza.

Gráficamente, el juego es una vez más impecable. Hay voces discordantes, pero desde este blog no lo compartimos en absoluto (hemos llegado a leer que tiene gráficos de Dreamcast, gran mentira). Es más, nos atreveríamos a decir que tiene unos grandes gráficos: iluminación más que buena, modelado tanto de rostros y cuerpos de gran nivel (espectaculares en caso de los protagonistas), videos estilo Square-Enix de un nivel cinematográfico fuera de toda duda, ciudades grandes, variedad de enemigos (aunque viejos conocidos de otras partes), diseño artístico cuidado… No entendemos muchas veces ciertos comentarios de algunos aficionados, y particularmente de algunas revistas supuestamente serias. Tiene sus errores gráficos, claro, pero es una superproducción como siempre. De hecho, sin equivocarnos, forma parte de la terna de juegos de este final de gen (Assassin´s Creed IV, GTAV, The Last of Us, Battleflied 4) que parecen de la próxima generación (y que demuestran, ya de paso, lo que esconden estas máquinas que llevan a sus espaldas la friolera de 7-8 años).

Y algo igual pasa con el aspecto auditivo: las voces de los actores de doblaje (en inglés), mantienen el excelente nivel de las anteriores partes, todas perfectamente reconocibles, bien interpretadas y llenas de matices que simulan, las muchas veces, voces repetidas (para escuchar el juego en japonés hay que pasar por caja y pagar 3,99€. “Biba ezta generación”). También la música, gran destacada en esta saga, raya a gran altura, superior a la criticada primera parte, pero quizá inferior a la segunda, culmen de la trilogía en muchas cosas. En cuanto a los efectos, también, nada que decir: ni punto de comparación con los efectos “katiuskas” de la saga Dark Souls en general. En el aspecto musical, si bien no es un Uematsu, el nivel es muy bueno, con algunas melodías destacables, otras más olvidables (tipo pop) y unas pocas que recuerdan a partituras del gran Kenji Kawai.

Bueno, sí, todo esto está muy bien, pero… ¿qué hay de lo más importante en cualquier juego y más en concreto de un juego de Rol: la jugabilidad? Este es el quid de la cuestión: para nosotros el sistema de combate de Final Fantasy XIII no estaba mal, pero le faltaba pulir algunos defectos que se solucionaron en Final Fantasy XIII-2. Es de esta segunda parte donde surgió lo mejor: teníamos que hacer formaciones, usar las magias con cabeza, mejorar los animales de compañía, pensar en los enemigos, dar con formaciones inusuales, ir con ojo (al final se iba complicando), mazmorras bien definidas (algunas laberínticas), etcétera. Y entonces llega… Lightning Returns: Final Fantasy XIII y nos vuelve locos.

El sistema de combate es a pantalla partida, con los monstruos pululando por la pantalla previamente a dicho combate. Como Lightning está sola, debemos jugar no con formaciones, que sería lógicamente imposible, sino con los trajes, en plan “oficios” de los antiguos Final. Lightning por tanto puede ser hechicera, guerrera, mezcla, oscura, etcétera. Y su arma, escudo y complementos también pueden ser mezclados para potenciarla. Por tanto, podemos tener una guerrera (con buena vida y fuerza) en el primer slot, cambiar a un segundo slot en el que se viste de maga (para monstruos débiles a los elementos) y un tercer slot vestida de curandera para ponernos protecciones, o vestida de otra cosa para debilitar al enemigo, etcétera (por tanto es parecido al Final Fantasy X-2, aunque no tanto pase de modelos como parecía por los videos previos). Como fuere, el objetivo siempre será, al menos con los enemigos más fuertes, cargar la barra de límite que los debilita, cosa que ya ocurría, por otro lado, en las anteriores partes, donde esto era (y sigue siendo), primordial. Una cosa que tienen los combates ahora es que podremos protegernos, y si lo hacemos en el momento justo, ganaremos prebendas. También son nuevos el uso de objetos (sólo podremos llevar unos pocos) y los dones divinos, que ralentizan el tiempo en combate para aprovecharnos mejor de los límites (o para que nos curen o nos resuciten). Esto es clave para cargar los puntos divinos, conseguir guiles u objetos, pero NO PARA SUBIR de nivel. ¿Cómo? Pues sí: sólo se puede subir de nivel con las misiones del Redentor. Hablemos de ellas.

Tanto en tablones por parte de Chocolina en las ciudades como pululando por ahí, hay personas que solicitan la ayuda del Redentor (Lightning). Estas misiones son las únicas (sí, las únicas) que proporcionan aumento de la VIT, del ATQ, etc. Los monstruos, como ya se ha dicho, dan objetos, guiles y especiales (ataque Piro, Guardia, etc.), pero sólo las misiones amplían a nuestro personaje. Por tanto, olvidarse de las esferas o de cualquier otra cosa. Esto lo hace muy raro y, si vais bien de pasta, que esquivéis los monstruos y vayáis al grano muchas veces: las misiones secundarias. Extraño cuanto menos y que no aporta nada a la saga, todo lo contrario, le resta, y nos obliga de manera artificiosa a hacer secundarias. Una mala idea.

Por si fuera poco, el tiempo pasa. No nos referimos a que pasen las horas y cambie por tanto el escenario, que también (luz de día, oscuro de noche, personajes que salen a determinadas horas…), sino que debemos pasarnos el juego con un cronómetro, por así decirlo. Efectivamente se supone que el mundo se acaba en 6 días y esas horas corren en el juego, lo que hace que en los primeros compases del juego, que además no se puede poner marcadores hasta la segunda jornada (no nos preguntéis por qué coño esto es así), y la ciudad es grande, supone un agobio muy grande (aunque bien es cierto que usando el poder divino que hace que no pase el tiempo e ir conociendo poco a poco las mecánicas y las ciudades lo hace más fácil). NOTA: Hope, quien nos da pista y nos ayuda, es de una pesadez extrema. No llega a interrumpir como en Megal Gear Solid, pero sí que da bastante por el culo (está todo el día llamando diciendo tonterías y obviedades). En dificultades Normal y Alta el juego puede llegar a complicarse, sobre todo con los jefes finales o cuando nos falta tiempo (recordad que los minutos pasan y que las subidas son sólo con las secundarias).

Hay otra serie de novedades (usar Facebook, fusiones de magias, etcétera), pero la clave es lo arriba citado.

En definitiva: un juego cuidado, muy cuidado, largo a pesar de lo que se diga, rejugable, pero muy confuso, con un sistema que es un paso atrás. Está muy bien eso de oír a los aficionados (de hecho en cada parte han hecho caso de críticas y sugerencias), pero el juego ha perdido la esencia de la primera parte y ha ido derivando a juegos muy distintos unos de otros (que no han contentado al seguidor del principio ni al ocasional). Una saga Final Fantasy que ha ido perdiendo lo que la hizo grande y que, después del éxito de Bravely default, convendría repensar. De hecho, el presidente de Square-Enix nuevo ha dicho que, después de Final Fantasy XV, van a volver a sus orígenes. Desde luego, aquí así lo esperamos, para poder recuperar aquello que cuando éramos jóvenes suponía un acontecimiento social y no indiferencia: el lanzamiento de un Final Fantasy. Y es que estaba claro, excepto para Square-Enix, que un juego como el citado Bravely default, hecho a la antigua, con gráficos renderizados, combates por turnos y dificultad elevada iba a ser un éxito. Lo cual demuestra que la compañía nipona ha perdido el oremus.

No nos malinterpretéis: si el juego fuera un juego de Rol sin las palabras Final Fantasy sería una sorpresa y aire fresco para el Rol oriental. Pero ha llegado la hora de ser claros: si nos vendieran un Dark Souls III tan distinto de los anteriores como este Lightning Returns: Final Fantasy XIII de los anteriores clásicos, lo putearíamos. Pues así debe ser con este juego. Y visto la acogida mundial, más le vale a Square-Enix rectificar.

Solo para fans o para los que hayan jugado a las anteriores entregas de la trilogía Nova.

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