¡Oh, capitán, mi capitán!

Assassin’s-Creed-IV-Black-Flag-93No, no es la mítica frase de El club de los poetas muertos, esa clásica película de los 80 donde a Robin Williams, profe progre donde los haya, es encumbrado por sus alumnos parafraseando al poeta inglés. Es que este año, cuarto Assassin´s Creed que comentamos aquí, el prota se nos ha hecho capitán de Mar y Guerra. ¿Convencidos? Para nosotros, bandera blanca: nos rendimos ante él.

Assassin´s Creed La Hermandad, Assassin´s Creed Revelations, Assassin´s Creed III y ya está. ¿No era así? ¿No se había acabado la saga esta gen? ¡Y una polla como una olla! ¿”Sus” creéis que los de Ubisoft son tontos? Para qué decir lo contrario: cuando oímos que Ubisoft preparaba otro AC, AC que encima iba a llevar numeración (no era una expansión o subsaga, no, llevaría el 4 con un par), dijimos ¡tus cojones! Y encima el prota sería como un puto personaje de Piratas del Caribe. Y transgeneracional: para WiiU y para Playstation 4/Xbox One también. Sonó a cachondeo, a timo, a estafeta de Correos. Pero resulta que… está mejor que el 3.

Vamos a verlo un poco más detenidamente. Primero: la historia.

Edward Kenway, antepasado del Assassin´s Connor, es un piratilla de tres al cuarto que naufraga en una isla. Allí se encuentra a un Assassin´s que se iba a vender a los templarios. Tras una disputa lo mata, coge su ropa y un artefacto que acarreaba y se dirige tan tranquilo a vendérselo a los templarios. Con el paso del tiempo, eso sí, la cosa se complica, pues aparecerán los Assassin´s, el verdadero yo de Kenway, multitud de secundarios y todo el lío de rigor de esta saga. No vamos a contar más, sino simplemente saber que Kenway se convierte en un respetado pirata, incluyendo barco, tripulación y abordajes.

Jugablemente, pues, esta historia de piratas marca el susodicho gameplay. A diferencia de otros AC, con ciudades desperdigadas que hay que recorrer a caballo, tenemos en este juego varias ciudades desperdigadas, de acuerdo (más de 70 entre islitas, pueblecitos y ciudades en sí), pero que sólo son accesibles por barco, al más puro estilo de esa joya que es The Legend of Zelda: Wind Waker. Esto da una vida enorme al juego, que cambia por tanto con esa sensación de deja vú y de pesadez de su tercera parte. Incluso cuando salimos del ánimus estamos en un entorno completamente diferente (unas oficinas de una compañía de entretenimiento)… ¡en primera persona! Digamos, por así decirlo, que es como un GTA pero en barco.

Muchas de las cosas, lógicamente, ya nos suenan: desde los ataques, movimientos, pasando por las fases de plataformas/puzles, llegando a la sincronización, espionaje, perseguir tal o cual, que no te pillen, matar templarios, mejoras, buscar tesoros, etcétera, todo ya ha sido visto. Sin embargo, el hacerlo en el Caribe, en un entorno marino lleno de pueblos pesqueros, con incipientes ciudades como Jamaica o La Habana, llena el juego de una gracia especial. Además, las armas más piratas, desde espadas gemelas a cerbatanas, lo hacen un pelín diferente (como el hacha tomahawk de Connor). A eso se le une el quid de la cuestión de esta parte: el barco, llamado el Jackdawn. Ya estaba presente en el ACIII, lo mejor sin duda del juego, pero ahora se puede mejorar hasta el paroxismo, encontraremos mil y una batallas por el camino (desde humildes goletas a barcos de guerra con los pabellones británicos y español. Si habéis oído bien, amigos que nos leéis de España. España era potencia naval en la época, no sólo era famosa por su infantería, y usó por primera vez el pabellón modificado del Reino de Aragón, a la postre, la bandera nacional de España. Cierro paréntesis histórico), materiales, náufragos, reclutar marineros, atracar el barco…. Infinito. Pero es que además se ha dejado la parte más novedosa y mejor del anterior: la caza y la investigación por poblados árboles y exóticas islas (aunque no tan frondosas como el bosque de Boston, pero sí muy grandes, sobre todo en tierras mayas).

Los gráficos se mueven en dos límites. Por un lado tenemos uno de los mejores gráficos de esta generación, competidores de tú a tú en definición y bastedad con joyas como GTAV, con texturas correctísimas y un entorno climatológico y de efectos especiales digno de resaltar. Como el citado GTAV parece que estamos en otra generación (sorprendente que estas consolas lleven a la venta 7-8 años). Pero por otro lado, ¡ay!, incomprensible, resulta que las islas y el barco van perfectos… menos cuando estamos en una ciudad importante tipo La Habana o Kingston. Ahí la bajada de frames es notable, con trompicones que pueden llegar a romper la experiencia. Es triste esta doble cara del juego, aunque es cierto que se deja pasar porque ya decimos que la nitidez, la resolución y la calidad de los gráficos deja fuera de toda duda que se ha hecho un trabajo excelente, a años luz de ACIII, que tenía más niebla que Londres por la mañana para disimular la línea de visibilidad y lejanía.

Por tanto, poco más que decir, pues a todo eso le añadimos el modo online de rigor, varios DLC´s, un doblaje en español, ediciones tanto normales como coleccionistas para aburrir, etcétera, que hacen de este juego uno de los mejores de la generación, el mejor tras el 2  y el niño mimado de Ubisoft… por mucho que, obvia decirlo, el juego es ya de sobras conocido.

Y para despedirnos, parafraseemos al gran poeta español del XIX José de Espronceda:

Allá muevan feroz guerra

ciegos reyes

por un palmo más de tierra,

que yo tengo aquí por mío

cuanto abarca el mar bravío

a quien nadie impuso leyes.

 

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