El Apocalipsis según Carmack

Después de tanto Rol, el cuerpo pide… ¡shooter! Y qué mejor shooter que uno de John Carmack, padre de las sagas Wolfenstein, Doom y Quake. Casi “ná”, ¿eh? El juego en cuestión es Rage, una nueva franquicia precedida de buenas críticas, gráficos y ventas. ¿Estará a la altura de las sagas citadas?

Rage es un juego que trata sobre un tema tópico hasta decir basta: un meteoro cae en la Tierra, arrasando con la civilización (chiste obligado: y con la crisis) y haciendo que los supervivientes tengan que empezar de nuevo. Y como ya vimos en Fallout (o vimos en la saga Mad Max, todo hay que decirlo), del cual se inspira en algunas cosas, algunos forman ciudades, otros han mutado y otros salen de un búnker sin saber qué coño ha pasado. Es el caso del protagonista, un tipo mejorado genéticamente. Después, más adelante, se va complicando con otras cosas, pero para no reventar la historia, aquí lo dejamos.

Lo primero que más llama la atención, esto es así, son sus gráficos. Carmack y su equipo siempre han destacado por este apartado, por sus motores licenciados hasta el infinito, por su calidad de programadores más que de desarrolladores al uso de videojuegos. Aquí se ha introducido una cosa llamada “megatextura”. Bajo este pomposo nombre se esconde una especie de truco que, como se hace en los cell shading, hace que todo se realce brutalmente. Y es espectacular. A la altura, e incluso a veces superior, de sagas como Uncharted, Gears of War o Killzone. Brutal. Pero hay un pero… que en el caso de Xbox 360 viene en 3 DVD´s y que en consolas en general la carga de texturas pega algún que otro petardeo, es decir, tarda en cargar o no carga (menos acusado que en el motor Unreal Engine pero algo parecido). Sin embargo, repetimos, todo luce realmente bien. La impresión es de un mapeado grande (de hecho habrá que desplazarse en plan sandbox por el yermo), las cargas mínimas y la velocidad (unos muy, muy estables 60fps) lo compensa todo. Creemos, desde nuestra humilde opinión, que pocos “peros” hay que ponerle, aunque éste sea importante.

La jugabilidad, por su parte, es la típica de cualquier shooter, en concreto de cualquier shooter made in John Carmack. Así, tenemos disparos y disparos y disparos con una dosis de disparos y más disparos. Y por supuesto enemigos por doquier: grandes, brutales, por arriba, por abajo, en manadas… Ya decimos que es made in John Carmack. Sin embargo, se le han añadido variables jugables como balas distintas para las mismas armas, armas de sigilo, sticks para lanzar, coches teledirigidos que explotan, torretas y la posibilidad de, como en cualquier juego de Rol, recoger objetos y construir cosas útiles. Y es que, por lo que se puede ver en algunos momentos (ciudades, coches, mapa abierto, carreras de coches (que no tienen nada que envidiar a otros de carreras, incluyendo competiciones, mejoras, poner armamento en ellas para defendernos de los bandidos que también vienen motorizados), compra-venta de objetos, mejoras, misiones secundarias, etc.,) pareciera que estamos ante un juego de Rol. Error. Es, sobre todas las cosas, un shooter, un juego de acción, pero tremendamente largo y variado.

En el apartado sonoro destacar el doblaje en español, doblaje realizado en condiciones y con criterio. Se ha tenido en cuenta y es de agradecer que no nos ignoren, por lo que debemos dar aquí un aplauso a Bethesda e ID Software. La música es la típica de acción, con la peculiaridad (también típica) de que cuando empiezan a surgir enemigos la melodía se hace más rápida y emocionante y que cuando desaparecen, se hace más tranquila o nula. No es este apartado precisamente lo mejor, pero tampoco algo negativo.

El juego, así solo, ya de por sí tendría una excelente valoración, pero no obstante todavía tiene extras que le dan más vida si cabe, como son los imprescindibles modos multijugador: misiones cooperativas online y offline, así como una buena sesión de tiros y, sobre todo y todos, la verdadera esencia del online de Rage: las carreras multijugador.

En definitiva, un shooter excelente para los amantes de los shooter y para aquéllos que, gustándoles, les cae más simpático un Half-life que un mata-mata como Duke Nukem. Y con todo lo made in Carmack: giros, sustos, sangre, dosis de terror, mucho tiro y excelentes diseños de fases. Le falta quizá un algo para ser leyenda como Quake, Wolfenstein o Doom, pero que es un excelente inicio (y una excelente vuelta) de una de las grandes compañías de este mundillo. A la espera del anunciado Doom 5 con muchas ganas.

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