El ninja de la polémica

Call of Duty, Final Fantasy, Resident evil, Devil May Cry, Dragon Age… y ahora,  es el turno de Ninja Gaiden de entrar en el podio de juegos que cambiaron de dinámica y estilo para desesperación de sus fans. ¿Es Ninja Gaiden 3 la gran mierda que se cuenta que es? Ni tanto ni tan calvo.

Hemos hecho esta introducción porque, para el que no lo sepa, Ninja Gaiden es una franquicia histórica, iniciada allá por los finales de los 80, cuyas características eran la excelente jugabilidad y una jodida dificultad. Sin embargo, tras pasar sin pena ni gloria por la generación “play”, Itagaki, por aquél entonces director de Team Ninja y encargado del juego de lucha Dead or Alive, resucitó la saga dotándola de algo que siempre tuvo y que había perdido: dificultad, duración, gráficos y excelente control (sólo la puta camarita, ni más ni menos, se le resistió). Sin embargo, tras dos excelentes juegos exclusivos de las consolas de Microsoft (sobre todo su impresionante primera parte), Itagaki abandonó su estudio y allá se quedaron  con dos palmos de narices. Es por ello que muchos fans estaban temerosos de qué iba a salir de un Ninja Gaiden sin el padre moderno de Ninja Gaiden.

Que conste que nosotros somos fans de Ninja Gaiden, desde aquel lejano día que alquilamos my brother y yo dicho juego para la Master System II. Posteriormente me lo dejaría el primo de un amigo mío  y ahí lo trabajamos duro (hasta donde pudimos, creo recordar que no nos lo pasamos). A partir de ahí disfrutamos de otras entregas especialmente de la primera y segunda parte de Xbox y 360 que hemos nombrado antes (también las  Sigma de la consola de Sony). Decimos esto para que veáis que no somos enemigos de la saga ni mucho menos y que nos gusta.

Antes que nada contar que aunque sea la tercera parte la historia no tiene mucho que ver con todo lo anterior, como no sea algunos personajes y/o situaciones anteriores. En este juego el prota, Hayabusha, es llamado por las Fuerzas Terrestres de Autodefensa japonesas (nombre cínico japonés para la palabra ejército) porque un loco quiere que Hayabusha venga a por él. A partir de aquí, y en resumen, mal vs bien con una infección demoníaca que amenaza a nuestro héroe. Fin. ¿Qué queréis, que esto sea una obra de Shakespeare? Esto es acción.

Jugablemente hay cambios muy importantes. Ahora no se graba en las estatuas dragón, sino que de vez en cuando y a modo de punto de control, aparece un halcón y se graba rellenándonos la barra. Además, cuando la cagas contra un monstruo, continúas desde la parte del mismo donde caíste (ni siquiera desde el principio del propio monstruo). Dichos monstruos no tienen barra sino que habrá que acabar con ellos con los putos QTE de nuestros tiempos. Si esto no hace que todo sea más fácil, además se rellena la barra de vez en cuando, al ganar ki y hacer ataques, etcétera. No hay objetos de ningún tipo y todo parece guiado y en plan “eh, tío, tu a pelear, déjanos lo otro a nosotros”. Ni vendedores ni subida de nivel ni otra arma que no sea la espada, ni ataques nippo (más allá del único que tenemos) ni pollas en vinagre. Que sí, que la jugabilidad es excelente, como siempre, con múltiples combinaciones, pero la mayoría del tiempo nos la pasaremos machacando un botón. Fin, punto, sin calentarnos la cabeza en demasía. Sólo un ataque nuevo, el del brazo maldito de Ryu que, cargándolo, reparte varios tajos de espada que se carga a varios enemigos de un toque.

En cuanto a la mítica dificultad de la saga, ha desaparecido. La normal no es ni la fácil de las otras partes. La fácil de la versión Sigma, para que nos hagamos una idea, es la difícil de esta parte o, al menos, inferior a la difícil y superior a la normal. Y es que en esta parte esos líos de fases sin mapa, para arriba y para abajo, yendo atrás y que vuelvan a salir los monstruos, o para adelante, sin vida, deseando encontrarte con objetos, etc., etc., brillan por su ausencia.

Técnicamente no es mucho más que el 2. Ojo, luce bien a pesar de la rebaja en texturas y en polígonos en general para que el juego tenga velocidad (algo parecido a lo que se hizo con Devil May Cry o God of War), pero a pesar de ello inferior a los dos juegos citados e incluso a la propia saga Ninja Gaiden. Es, no obstante y lo repetimos, resultón y agradable aunque sin ningún tipo de sobresaltos.  El sonido, como en la saga, simplemente cumple con su cometido: explosiones, ruidos de pisadas, de sables, etc. En lo que sí destaca es en su dirección artística, con ese toque entre antiguo y moderno que tan bien supo implementar Itagaki.

¿Extras? No muchos, unos cuantos retos y el imprescindible en nuestros tiempos multijugador (una gilipollez de todos contra todos o haciendo retos) que le da vidilla habida cuenta de la escasa duración de esta parte.

En definitiva, un gran juego de acción, que copia demasiado de Ninja Blade en vez de copiarse a sí mismo. Un juego recomendado para los seguidores de la acción y que si le hubiesen quitado los QTE, le hubieran añadido objetos y armas y dado un poco más de dificultad, no tendría nada que envidiar a las anteriores partes (claro que, si lo hubieran puesto, estaríamos hablando de otra cosa). Divertido, que es al fin de cuentas, lo importante para estos calurosos días.

PD: Tres-cuatro horas de juego y… ¿Dónde están las tetudas típicas de la saga?

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