Max está de vuelta

Pues sí, hemos podido conseguir Max Payne 3 (con chorri regalo boli-bala de regalo), y hemos quedado encantados y convencidos. Una saga que estaba desaparecida resucita de la mejor manera posible: repleta de acción y con una producción de aúpa.

Max Payne… ¡qué recuerdos! Me acuerdo de comprar Max Payne 2, de ponerlo en mi puerco Pentium 933mhz con 400 megas de RAM y flipar (flipar porque los gráficos por entonces eran muy buenos y porque me iba, de forma sorprendente). O aquel gran Max Payne 1, que pilló por sorpresa a propios extraños, un juego de acción con tiempo bala, espectacular en gráficos y físicas, hecho por un estudio del Norte de Europa con dos duros (de hecho la cara estreñida del protagonista era la del propio creador del juego). Se convirtió en leyenda para los videojugadores en general y los peceros en particular. Así que aquí estamos, una década después más o menos para probar otro Max Payne, que ya ni lo esperábamos.

Las primeras imágenes del juego, con un Max gordo y calvo no invitaban a la esperanza. O que se hiciera con la franquicia Rockstar para desarrollarla (que no para distribuirla, pues siempre la ha distribuido) y temiéramos sus motherfuckers y sus cositas made in GTA que nada pegan aquí. Sin embargo, aunque se echa en falta más nieve, más chupas de cuero, las femme fatales y las portadas a contraluz, es Max Payne. Y con pelo, para que no temáis (o, al menos, la mayor parte del juego).

La historia gira en torno a Max Payne, que como sabréis está todo el día enganchado a las pastillas y al alcohol por culpa de que su familia murió por su causa. Ahora ya no pertenece a la policía y se compadece de sí mismo. Hemos de decir que para fomentar sus recuerdos y su estado mental se utilizan una serie de recursos gráficos, unas especies de luces a modo de flashes de recuerdos. A algunos les ha molestado, a nosotros especialmente no, pero hubiéramos agradecido mejor las típicas fases oníricas de Max, como en su primera parte. O las transiciones tipo cómic, que aquí no están. Como sea, Max viaja a Brasil como guardaespaldas de la familia Branco. En un momento dado se lía y… en fin, lo tendréis que ver vosotros mismos. Lo bueno de la historia es que da saltos al pasado para ponernos en antecedentes, y estas fases poseen todo el encanto de las antiguas fases de Max, con su chupa de cuero negro, su corbata, sus matones de la mafia entre la nieve intentando quitarlo de en medio… ¡Qué recuerdos!

La narración de todo esto, que se va complicando por momentos, es sobresaliente, y la verdad es que esperaba una historia que no me importara un pimiento y sin embargo estoy interesado en ella. Ese Max en la disco o en una lancha o en las favelas con su camiseta hawaiana son impagables. Y todo perfectamente hilado, repleto de momentos, videojuego de acción de los buenos, buenos, sin necesidad de scripts de los huevos o videos de transición cada cinco minutos.

Gráficamente es impecable. Olvidaos de los gráficos borrosos. Desde GTAIV, pasando por sus expansiones, Red Dead Redemption y L. A. Noire, hemos ido asistiendo a una mejora de la nitidez y del buen hacer de la compañía en sus producciones, fueran éstas directas o indirectas. Todo el escenario de este Max Payne 3 está repleto de cosas: botellas, papeles, muebles, sillas, mesas, cristales, un tipo por allá, otro por acá, que si coches, que si vitrinas… Y casi todo puesto en un lugar que contribuya a la acción (disparar en bullet time y ver todo saltando por los aires es espectacular y entronca directamente con lo mejor de la saga). No vamos a decir que sea quizá Uncharted 3, pero casi, y además con más velocidad de acción y un apuntado extraordinario que nada tiene que ver con la mierda de apuntado del juego de Naughty Dog (eso sí, ponedlo en libre y os recordará la velocidad y libertad del ratón de PC). Las físicas, de lo mejor sino lo mejor de esta generación: los choques, los rebotes, los golpes, etc., son geniales y dejan a la competencia en pañales (estoy recordando a un tal Battlefield y un tal Call of Duty).

La jugabilidad se mantiene como es típico en Max Payne, esto es, nada de pensar o puzles o nada de nada, sólo tiros. Eso sí, hay momentos en los que Max anda por distintas zonas, habla con el personaje que tiene al lado, etc., intentado ambientar y dar pausa. Aún así, no os confundáis: esto es tiros y tiros y más tiros, salpicados allí y allá de un par de situaciones de desahogo, sea un salto imposible, un coche que se nos abalanza encima o fases de francotirador y de persecuciones en yate. Se mantiene lo típico de Max como es una silueta que se llena de sangre para indicar los disparos que recibimos, analgésicos que nos recuperan y el tiempo bala, que con el gatillo superior derecho y eligiendo dirección damos saltos imposibles. Jugándolo en libre es una gozada, las armas responden muy bien y solo algún par de situaciones extrañas pueden darnos qué pensar (sobre todo cuando te hieren mortalmente y puedes salvarte si matas al que te dispara, que según el arma y el ángulo se vuelve un LOL como un camión).

El doblaje es excelente. Tras jugar hace poco a Folkore y ahora echarnos este juego en cara las comparaciones son odiosas. Las voces de todos, desde los principales a los secundarios, los que sólo hablan portugués (recordemos que saltamos de Brasil a EEUU), etcétera, etcétera. Irreprochable. Como irreprochable son los efectos de sonido o la banda sonora (por lo menos la mítica melodía principal porque las demás es que tampoco pasen a la historia).

La presentación no se queda atrás: salida en todas las plataformas, ediciones especiales, regalos varios (a nosotros nos dieron, aun sin reservar, un boli que tiene forma de bala: boli-bala)… Claro que tiene el Rockstar Pass para el futuro contenido, con lo que nos van a sacar hasta los ojos. Ya si tenemos tiempo (y ganas) os haremos una actualización o anexo explicando las impresiones del modo online.

En definitiva, si eres como nosotros seguidor de este clásico juego de PC (y Xbox 1 y Playstation 2, claro), o si simplemente te encanta la acción y los gráficos top, éste es tu juego. Largo y entretenido, con modo arcade y online de regalo. Que sí, que nos gusta el Max de la chupa de cuero y la nieve. Pero si así se va a resucitar la saga, por nosotros ni una pega.

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