El Eternauta: ciencia ficción con acento bonaerense

Aquí estamos de nuevo para recomendar otro cómic. Y qué mejor que recomendar El Eternauta, ahora que su segunda parte acaba de ser publicada por Norma (ahora bien, no me preguntéis por qué Norma la engloba en cómic europeo cuando es argentino. Cosas de Norma).

En efecto, El Eternauta es una de las obras cumbres del cómic en español. Y no sólo en español, sino que también es una de las obras cumbres de la ciencia ficción en la historia de  los cómics en general. Un clásico que acaba de cumplir hace poco 50 años.

Sabéis que no nos gusta reventar los argumentos, pero en el caso de El Eternauta es mucho más sangrante que nunca. Y es que descubrir poco a poco todos los misterios que se van desentrañando es una de las experiencias más satisfactorias que quien escribe esto ha tenido el gusto de leer. Sólo decir dos cosas: primero que el nombre de El Eternauta, como bien explica el protagonista no bien empieza la historia, es un juego de palabras fruto de unir Astronauta y Eternidad; segundo: que todo empieza con unos amigos jugando a las cartas, cuando de repente empieza a nevar… y aquí me quedo.

A pesar de ser una obra argentina, su guionista, Héctor Germán Oesterheld no tira de modismos, sino que todo está escrito en un español más o menos neutral. Eso sí, veremos calles y lugares de Buenos Aires, así como palabras como “chance”, cosa normal y que en nada enturbia la historia que cuenta. A pesar de que el dibujo es muy bueno y clásico (en magnífico blanco y negro), es el guionista quien destaca. Su estilo, que nos mantiene en suspense, o sus crónicas ágiles cuando hay acción, entroncan perfectamente con una historia de ciencia ficción magnífica, llena de emoción casi hasta el final de la historia, en el que el lector nunca va por delante de los personajes, sino que descubre con ellos qué está pasando, qué demonios es esto o lo otro. Sus éxitos o sus fracasos los sentimos como propios, sintiendo nosotros también que estamos ahí metidos, preguntándonos qué hubiéramos hecho nosotros en su lugar. Es un estilo de aventuras, amistad e imposibles, muy en la línea de Julio Verne o del cómic aquí también recomendado Los náufragos del tiempo.

Después, eso sí, salieron distintas partes (hasta cuatro), que para algunos nunca pudieron igualar el original, original escrito en estilo horizontal, no vertical, como si fuesen tiras cómicas.

En definitiva, una obra maestra recomendada con mayúsculas, imperecedera, que cualquier amante de la ciencia ficción y del cómic en general no debiera perderse jamás de los jamases.

Es una obra escrita por el guionista Héctor Germán Oesterheld, nacido en Buenos Aires, y dibujada por el dibujante Francisco Solano López, también nacido en Buenos Aires. Los dos fallecidos, el dibujante de muerte natural en 2011 y el guionista desaparecido y muerto por la dictadura argentina de los 70.  En Argentina esta obra es todo un símbolo, con multitud de referencias políticas, obras de teatro, televisión e incluso se barajó durante mucho tiempo una adaptación al cine (menos mal que no se hizo, no sólo porque no me gusta ver bastardeadas sino porque conociendo el cine hispano de los últimos tiempos en general, y sus presupuestos, malo me pongo).

En España ha sido publicada por Norma Editorial.

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