Pontificando un poco

El otro día, viendo esa obra de corte pirandelliano que es Cisne negro, me acordé de la suerte que tengo de que me guste el cine en versión original y cómo, gracias esto, me olvidé del dolor de cabeza que da la dobladora de Natalie Portman. Y me he dicho, ¿por qué no nos pontificas un poquito con lo del doblaje? Pues allá vamos.

El texto teatral o el teatro, es considerado por todos los especialistas como literatura. Y es literatura porque lo que allí se escribe puede ser leído y, por ende, ser traducido a otros idiomas. A excepción de pequeños casos, ningún Shakespeare, Calderón o Goldoni escribe para un actor en concreto. Escriben en general, y después, te hagas con la versión original o con su correspondiente traducción, interpretas el texto teatral. De tal manera, que no se puede decir que la interpretación teatral de Romeo y Julieta en Londres es más válida, mejor o de más categoría que la realizada en el Teatro Real, en su versión española, de la misma obra. Sí, es verdad que perdemos algo de las rimas o de juegos de palabras concretos de la versión original, pero en ningún momento eso influye en la interpretación dramática del texto. Es como en la literatura, sea prosa o poesía, donde podemos perder algo de la musicalidad de lo original (Ulises de Joyce, por ejemplo), pero podemos entender perfectamente el texto y, si el traductor es un buen filólogo o especialista, no nos perderemos casi nada.

Sin embargo, ¿qué pasaría si dicha función de Romeo y Julieta en Londres se grabase? ¿Y si llegase a España? ¿Sería lógico, que en vez de hacer en España nuestra propia versión, la doblásemos? Este es el quid de la cuestión. El cine es un ente cerrado y que no se reinterpreta. Así, El Padrino es la que es y no va a ser otra cosa. Pero encima, y por esta actitud de rodaje cerrado, muchas veces se acude al cine a ver determinado actor o actriz. ¿No se participa pues de una estafa, al acudir a ver y no a escuchar a Al Pacino, por ejemplo? Mucha gente considera que si el doblador es bueno (incluso se atreven a decir que tal o cuál mejora una voz, algo aberrante en su propio concepto), no tiene importancia el doblaje.  Esto, para quien no tenga ni puta idea de arte dramático ni del arte de la interpretación, suena lógico, pero para cualquier experto esto es una falacia del tamaño de la Catedral de Milán.

Veamos un ejemplo para entenderlo:

Supongamos que tenemos la suerte (inesperada en España) de que la Orquesta Filarmónica de Viena va a venir a nuestra ciudad a dar un concierto, a 50€ la entrada, de La consagración de la primavera de Stravinsky (será la segunda parte de Cisne negro… es broma). Tú estás muy emocionado porque no es normal que la Filarmónica de Viena venga a nuestro país y menos a dar un concierto de tanta categoría. Corres, vas a taquilla, llegas el primero (estamos en España y por tanto la cola estará enfrente, para un Real Madrid FC Barcelona), y la sacas. Estás radiante y henchido como dos testículos a punto de correrse. Entras y te sientas en la butaca, forrada de piel y nuevecita. Las luces se apagan, el telón se levanta, y el director aparece por un lateral. El público trina de la emoción. Saluda batuta en mano al respetable y nos da momentáneamente el culo. Da un par de golpecitos en su atril y se escucha el más ruidoso de los ruidos: el silencio. Levanta su mano derecha, comienza la música… Y suenan los altavoces. Es la banda juvenil de la localidad tocando la pieza de Stravinsky. Sí, es verdad que los chaveas lo están haciendo bien, pero te sientes estafado… ¡el director está moviendo la mano, haciendo como que toca, pero no toca la orquesta, es la de los altavoces la que lo está doblando! ¿Y tú has pagado 50€ para VER la orquesta? Tus 50€ no eran sólo para VER sino también para ESCUCHAR. Son las dos cosas, ver y escuchar, a por lo que viniste (80% a escuchar y 20% a ver). Sí, amigo, has pagado 50€ por una entrada cuando la banda juvenil tocó la semana pasada aquí mismo y costó 2€ la misma.

Pues bien, esto es lo que ocurre. Pagas 6€ por ver a Robert de Niro mientras el que está enfrente tuya, tonto él, paga 6€ por ver una de Antonio Resines. Pues no, hijo, si entras a verla doblada, te están engañando, porque no entras a ver interpretar a Robert de Niro sino que acudes a verlo hacer mimo, a un sucedáneo de El informal, mientras que el que entra enfrente a ver interpretar a Antonio Resines (peor actor evidentemente que Robert), ha entrado a ver la realidad de lo que le ofrecían: ver y escuchar interpretar a Antonio Resines.

Que quede claro que no estoy en contra del doblaje, lo comprendo y, mientras cada cuál pueda escoger, “semos” libres. De hecho, si ves, por ejemplo, El señor de los anillos en versión original y doblada las diferencias son mínimas. Pero, claro, es que El señor de los anillos (o Spiderman o 300) no destacan precisamente por sus interpretaciones. Si nos vamos a The fighter o Cisne negro (o El Padrino o El halcón maltés) el doblaje cae enteros. Si queremos ver una película japonesa (alguna de Kurosawa o Kitano) el doblaje se va ya por los suelos. Y ya ni te cuento si lo que vas a ver es una película antigua redoblada o alguna serie de televisión, dónde el nivel es tan bajo y tan cerdo que te dan ganas de saltar por la ventana. Es que he llegado a ver una película de Angelina Jolie de hace unos años, no recuerdo el título, dónde la actriz interpreta a una francesa hablando inglés y aquí su dobladora… ¡traducía del americano poniendo acento francés para después, en la cuadratura del círculo, volver a hablar en español pero que en realidad es americano! ¿Lo habéis entendido? Pues ni yo ni nadie, eso sí, con un acento en plan cómico oh la la! Para llorar. Y ya si nos metemos en las películas en las que un español dobla… ¡a un mexicano con acento de Cuenca! Para cortarse las venas. O cuando Santiago Segura o el famoso de turno pone voz a una película, ya es “pá” cagarse y no tener con qué limpiarse.

Pero también se puede dar el caso contrario, y tampoco es válido. Me explico: es evidente que el fallecido Fernando Rey es mejor actor y tiene mejor voz que Ben Affleck (sí, Ben Affleck, ese tipo que dicen que es actor). Pues bien, supongamos que en versión original y como nos tiene acostumbrado el amigo Ben, su interpretación es una soberana mierda. Pues bien, supongamos también, que Fernando Rey le pone su voz. No es necesario que gesticule, exprese, etc., para mejorar lo que Ben Affleck ha hecho en el film original. Lo ha mejorado, pues. Pero tampoco vale, porque en versión original Ben Affleck hizo una porquería y no un acierto, por lo tanto, aún en el supuesto de que un doblaje pudiera “mejorar” una voz original, tampoco nos vale, porque cada uno es como es y cada uno tiene el  nivel que tiene. Es como si el zurullo ese de El pícaro, del supuesto humorista Steve Martin, la remontamos, la refotografiamos por ordenador, la reordenamos, etc., hasta convertirla en Una noche en la ópera. Pues como que no, que es falso, ¿verdad?

Bueno, me despido, ya nos hemos hartado de pontificar. Pueden ir en paz, hermanos.

 

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