¿Sabe el cine japonés a dónde va?

La pregunta del post es la pregunta que me hago últimamente con el prestigioso cine japonés. No me refiero al cine de animación, repleto de obras maestras que aún hoy salen y que seguirán saliendo (las últimas de Miyazaki, Oshii…).

No. No me refiero al de animación, me refiero al de “carne y hueso”, el puto cine real de toda la vida, vamos.

El cine japonés es para cagarse de bueno. Es uno de los sitios con mayor tradición cinematográfica, con solera y repleto de talento y premios internacionales, aunque esto último no es tan importante.

La cuestión es que durante muchos años, en la época clásica de su cine, llegó a tener dos cines exclusivos en Los Ángeles y el presupuesto de sus películas superaba a muchas de Hollywood. No sólo eso, sino que el número de producciones era muy superior al número del cine norteamericano, algo que muy pocos han tenido huevos de hacer.

¿Y sabes por qué? Porque del cine japonés es el maestro entre los maestros, el director y guionista Akira Kurosawa, responsable ni más ni menos que de El infierno del odio, Los siete samuráis, Vivir, El ángel borracho, El perro rabioso, Los canallas duermen en paz, Madadayo… y podría llenar la página entera de obras maestras absolutas e incontestables. Pero también forma parte el genial director-artista Kenji Mizoguchi, director de Cuentos de la Luna pálida o Las hermanas Murakata. O del extraordinario Yasujiro Ozu, director de Había un padre o El sabor del sake. Y qué decir de la gigantesca figura cinematográfica de Masaki Kobayashi, director del clásico Seppuku (Harakiri), Kuroi Kawa o Samurai Rebellion. O del sin par Takeshi Kitano, director de la mejor película de los 90 como es Flores de Fuego, Sonatine o Boiling Point. O de Nagisha Oshima, o de Shohei Imamura, o Teinasuke Kinugasa, o Hiroshi Inagaki, o Yojiro Takita…

Sin embargo, de un tiempo a esta parte, exceptuando los éxitos recientes de Kitano, Imamura o de Takita (ganó el Oscar hace un par de años, pero él como los otros dos es director veterano)… ¡de Japón sale mierda! Es decir, las películas buenas que se hacen no tienen éxito ni comercial ni nadie les hace ni puto caso. Sólo las mierdas de terror como The Ring, medio se hacen conocida. Ahora, lo que se ha puesto de moda es el mojón de películas basada en animes cuando no directamente son inventos bizarros: Blood en imagen real, Azumi y otras cosas vomitivas que bastardean la memoria de uno de los mejores países que han hecho cine en la historia.

No es que no salgan buenas, repito, es que no llegan a la máxima distribución. Japón, por favor, no des tu dinero a directores que más que directores son montadores de videoclips. Da tu dinero, como diste en el pasado, a maestros que, no sólo recaudaban, sino que convencían a crítica y público.

La cuadratura del círculo que muy pocos han podido hacer.

PD: La imagen que ilustra este post es de la extraordinaria película de Akira Kurosawa “El infierno del odio” (también conocida como Arriba y Abajo o Cielo e Infierno), protagonizada por el mejor actor de todos los tiempos, Toshiro Mifune. Si no la habéis visto, vedla (haced el favor de en versión original subtitulada) y después cagaros en la mierda que hacen ahora algunos.

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